Aquello que en otros lugares sería valorado como una joya histórica y en consecuencia, como una gran atracción turística, en Tucumán podría desaparecer sin que la clase dirigente moviese un dedo para evitarlo. La Villa de Medinas, que es uno de los patrimonios valiosos de la provincia, parecía condenada al olvido, pero es posible de que la muerte lenta se detenga porque esa comuna local está pronta a firmar un convenio con la Comisión Nacional de Monumentos Históricos del Ministerio de Cultura de la Nación para poner en marcha un proyecto de restauración de las instalaciones del viejo mercado, del antiguo cabildo y algunas casas particulares que se encuentran alrededor de la plaza principal Sarmiento.

El comisionado rural señaló que los trabajos que se harán se apoyan en anteproyectos de revalorización de la villa efectuados por la UNT y la Universidad San Pablo. “De la mano de las restauraciones hay que trabajar en la recuperación de actividades productivas propias y que se están extinguiendo, como la producción de dulces hechos con jugos de caña de azúcar (alfeñiques y tabletas), de sillas con asiento de cuero de vaca, otras artesanías y la gastronomía... es necesario incentivar microemprendimientos que generen demanda de mano de obra. La falta de trabajo es el problema principal de este lugar que, de a poco, empuja a emigrar a los habitantes”, manifestó. Un vecino de 90 años afirmó que se debe solucionar el problema de los desbordes del río Medinas e invertir en mejorar la infraestructura urbana. “El pueblo está predestinado a ser un lugar turístico, pero la desidia gubernamental nos puede condenar a la extinción”, dijo.

Ubicada a 83 kilómetros de San Miguel de Tucumán y a 11 km al este de Concepción, se accede a la villa a través de la ruta provincial 329; los tres kilómetros de tierra de su acceso se hallan en mal estado.

El nombre de esa zona era Acapianta, que figura en las crónicas locales desde tiempos de la conquista, cuando era encomienda del capitán Gaspar de Medina. Su apellido terminaría dándoles su nombre a aquellas tierras. Algunos documentos señalan que su fundación ocurrió en 1643. Entre los valiosos edificios, se halla la iglesia de Nuestra Señora de la Merced (data de 1894); el hospital, el juzgado de paz, la escuela y la plaza. En Medinas, nació el escritor Fausto Burgos; en 1999, la Villa fue declarada “Pueblo Histórico Nacional” por la ley 25.213.

En el siglo XIX era una población importante por su condición de posta del camino de Córdoba a Tucumán. Era un centro acopiador de arroz y de tabaco, y contaba con grandes quintas y plantaciones de caña. El valor de estas últimas se acentuó al fundarse los ingenios La Trinidad y San Felipe de Los Vega en sus proximidades. Pero en los años finales del siglo XIX Medinas empezó a decaer, al ser marginada del trazado del ferrocarril provincial.

Sería importante para esa comunidad que lo expuesto en el convenio a firmar se concretara finalmente, si el Gobierno provincial efectuara las obras necesarias para evitar las inundaciones (en marzo de 2015, el 90% de la población tuvo que ser evacuada); arreglara el camino de acceso, impulsara y apoyara emprendimientos para reactivar su economía y se diera cuenta de que la Villa de Medinas puede constituirse en un polo turístico en el sur. Con decisión política y buena voluntad se puede cambiar el triste presente de un pueblo.