Los restos de la Ciudad Sagrada de los Quilmes, en Tucumán, que reciben unos 60.000 visitantes por año, podrían convertirse en un centro de desarrollo para el turismo según el modelo de la ciudadela incaica de Macchu Pichu, en Perú, que es de la misma época informaron fuentes del Gobierno provincial.

En ese lugar de los Valles Calchaquíes, los quilmes resistieron a los españoles durante más de 150 años, luego de lo cual los 2.500 sobrevivientes fueron llevados a pie hasta el sitio en que está la actual ciudad del mismo nombre del conurbano bonaerense, a donde llegaron unos 500.

Del total de la ciudad, "hasta ahora se excavó el 15%, por lo que en el resto del sitio se pueden realizar trabajos que permitan establecer cómo era originalmente y reconstruir lo dañado con esos patrones aún enterrados", dijo a la agencia Télam la arqueóloga Inés Gordillo Besalú.

La docente, autora de los libros "La Imagen del felino en América Precolombina" y "Arqueología, Patrimonio y Memoria", detalló que en 1977, cuando se buscó adecuar el lugar para el turismo que llegaría con el Mundial 78, "no había conciencia de lo que se debía hacer en estos lugares".

"En lugar de arqueólogos, llevaron una decena de albañiles que trabajaron en el sitio, por lo que hay que reconstruirlo; luego de documentar lo que se encuentre con fotografías y videos", sostuvo.

Interculturalidad

El presidente del Ente Tucumán Turismo (ETT), Sebastián Giobellina, sostuvo que ese yacimiento es "el segundo lugar arquelógico de Sudamérica después de Machu Picchu"  y que quieren trabajar "de manera equilibrada con los pueblos originarios y respetando la interculturalidad".

"El desarrollo del lugar está incluido en el Plan Maestro de Turismo de la provincia, pero los trabajos de arqueología del lugar los tiene que llevar adelante la Universidad de Tucumán", expresó a Télam.

Voceros del  Gobierno tucumano destacaron que cuando el gobernador, Juan Manzur, viajó en junio pasado a Perú para participar del Encuentro Andino que se desarrolló en Lima y en Cuzco, aprovechó para tomar conocimiento del modelo turístico de Machu Picchu y decidió implementarlo en la Ciudad Sagrada de los Quilmes.

Centro de interpretación

A principios de este año se inauguró en el sitio -al noroeste de la ciudad de Amaicha del Valle- un moderno centro de interpretación donde trabajan algunos descendientes de los sobrevivientes del genocidio de 1769. Uno de ellos, Moisés González, dijo que a la fortaleza la visitan por año cerca de "60.000 turistas, la mayoría argentinos pero también extranjeros, sobre todo estudiantes universitarios".

El lugar está a cinco kilómetros de la ruta 40, por un camino de tierra, y alberga restos originales de paredes -sin techos-, los canales por los que trasladaban el agua de la escasa lluvia de la zona y los atalayas de vigilancia.

A los miradores se puede subir por caminos muy bien señalizados, que indican los niveles de dificultad, aunque la  mayoría sube hasta el primero, en tanto llegar al tercero exige un esfuerzo mayor, mejor estado físico y buena alimentación antes de la partida.

Los quilmes, comentó el guía David Vargas, "no sólo resistieron a los españoles, también rechazaron varias veces a los incas que llegaron con su imperio del Tihuantisuyo", quienes como a los demás pueblos de la región los llamaron "diaguitas", un exónimo para quienes no formaban parte del incanato.

Un grupo de descendientes de los quilmes trabaja en la ciudadela histórica y viajó a Perú para conocer cómo se desarrolló Machu Picchu, descubierta casi en la misma época en que el investigador Juan Ambrosetti llegó al norte del país para escribir un libro sobre la ciudad sagrada de los Quilmes, publicado en 1897. (Télam)