Suele ser escenario de la queja, lucha, pelea, a veces rebelión. Es la caja de resonancia diaria de las protestas de los tucumanos. Y aunque en menor medida, ver una buena parte la plaza Independencia colmada de gente, atraída solamente por la música es no solamente grato, sino también un gran acontecimiento. Ello sucedió el domingo, en el cierre del 58° Septiembre Musical Tucumano. Alrededor de 300 músicos juveniles y coreutas recorrieron páginas de clásicas y populares. En los últimos años, este habitual concierto de clausura del Festival se realizaba en el Ferrocarril Mitre.
La Orquesta Juvenil de la Universidad Nacional de Tucumán fue la agrupación anfitriona local, y a ella se sumaron miembros de otras formaciones de Tucumán, así como de orquestas juveniles de varias provincias argentinas y una de Chile, que fueron convocadas a través del Sistema de Orquestas Infanto Juveniles de Argentina (Soijar). Participaron además los coros Estable y del Ministerio de Educación, Nahuel Pennisi, Pedro Aznar y Rolando Goldman, entre otros.
Antes del concierto, el director Luis Gorelik señaló que había en general un salto cualitativo en el nivel de las orquestas. “Es muy importante este concierto con jóvenes, que se hace por tercer año consecutivo en la provincia, en un contexto en que estas actividades se están cercenando. Lamentablemente desde el Ministerio de Cultura de la Nación no se ha hecho nada respecto de los anuncios del exministro (y actual secretario) Pablo Avelluto, en favor de fortalecer la actividad de estos grupos en el país, importantísima no sólo en términos artísticos sino sobre todo de formación ciudadana y de inclusión”, afirmó.
El Programa de Orquestas y Coros Infantiles y Juveniles para el Bicentenario que se desarrolla en Tucumán, también viene atravesando por momentos de incertidumbre. Aunque algunos de los reclamos de los profesores por salarios adeudados, entre otros, están en vía de solución por parte del Gobierno provincial, hay asignaturas pendientes, tales como la cobertura de los cargos que han quedado vacantes.
Esta actuación de los jóvenes puso en evidencia una vez más la importancia de la existencia de estas orquestas, insertas en lugares desfavorecidos de la sociedad, que ayudan a los chicos a escapar de la delincuencia, la droga y otras adicciones, mostrándoles una realidad diferente a través de la música y de la solidaridad.
Por otro lado, este concierto multitudinario mostró que la música es capaz de reunir bajo su magia a personas de distinta condición social, de diferentes ideologías. Cuando a esta música “culta” se la saca del teatro y se la lleva a espacios abiertos, no convencionales, a una cancha de fútbol o a un hipódromo, y se la hermana con la música popular, el público vence los prejuicios y responde a la convocatoria, especialmente cuando la entrada es libre.
Nos parece que sería interesante que a lo largo del año se programaran con periodicidad conciertos sinfónicos y corales al aire libre, con carácter didáctico, por ejemplo, en el desperdiciado Palacio de los Deportes, ubicado en el parque 9 de Julio. Tenemos varias orquestas, numerosos coros, muy buenos cantantes, es decir que la materia prima sobra. La Provincia, la Municipalidad y la Universidad podrían trabajar en conjunto en la organización de estos ciclos. Será un modo de contribuir a elevar el bienestar espiritual de la ciudadanía.