LA GACETA Literaria

Lindas, libres y sabrosas

Abordaje contradictorio que esquiva los abusos de la industria cárnica
09 Sep 2018

MISCELÁNEA

LA VIDA SECRETA DE LAS VACAS

ROSAMUND YOUNG 

(Seix Barral - Buenos Aires)

Rosamund Young, granjera inglesa sin formación académica o literaria destacable, compila en La vida secreta de las vacas una serie de notas que tomó en su granja Kite’s Nest, al noroeste de Londres. Allí, Young ha observado empíricamente durante años que “Las vacas se quieren… o al menos algunas… cuidan a los hijos de sus amigas… son rencorosas… inventan juegos… se ofenden… pueden ser impredecibles… inteligentes… aburridas…dulces… tercas… y agresivas”, e incluso disfrutan de la música.

En las páginas del libro nos encontramos con partos difíciles, toma de decisiones, recuerdos, amistades e incluso formas de comunicación entre las vacas y los humanos. Quien tenga perros o gatos sabrá de esto, pero ¿y los animales de consumo? ¿En cuánto se parecen a nosotros?

Walt Whitman, de alguna forma justificándose en su grandeza, monologaba: “¿Me contradigo? Pues bien, me contradigo”. Young, desde luego, no tiene el calibre poético de Whitman ni contiene multitudes, y parece no darse cuenta de sus propias contradicciones.

Las incongruencias morales de cada quien se juzgan según la propia conciencia, pero en este caso el libro empieza con una nota y termina con una discordancia estridente. A primera vista, parece un libro dirigido a un público sensible ante a los abusos de la industria cárnica, pero acaba siendo un texto que en ningún momento se plantea las discrepancias inherentes de criar animales de forma orgánica (sic) —libres, con identidades, genealogías y preferencias individuales— para que terminen en un plato junto a unas papas. Si uno considerara que en un mundo caído las posibilidades no son la elección entre el bien y el mal, sino entre un mal y un mal menor, La vida secreta de las vacas y su trasfondo bienintencionado tienen justificación: al menos las vacas pueden gozar un poco de la vida antes de pasar por el matadero. Si uno va por el “nunca menos” ecológico, y la liberación animal al estilo de Peter Singer, este gradualismo parece más bien naif.

(c) LA GACETA

MATÍAS CARNEVALE