Actualidad Rural

Lanzan al mercado nuevos bioinsumos que ayudarán a 
mejorar el manejo fitosanitario de distintos cultivos

01 Sep 2018

Científicos del Instituto de Tecnología Agroindustrial del Noroeste Argentino (Itanoa) dependiente de la Estación Experimental Agroindustrial Obispo Colombres (Eeaoc) y del Conicet, en conjunto con el sector privado, desarrollaron nuevos bioinsumos para la agricultura con tecnología PSP por sus siglas en idioma inglés de “estimulador y protector de plantas”, los cuales están destinados a mejorar la sostenibilidad del manejo fitosanitario.

El primero de los productos con esta tecnología, el PSP1, que está próximo a comercializarse, fue realizado por la doctora Nadia Chalfoun, bajo la dirección del doctor Bjorn Welin (coordinador del proyecto) y del doctor Atilio Castagnaro, director del Itanoa.

- ¿Cómo surgió esta investigación?

- Este proyecto se inició a partir de los conocimientos generados en la tesis de doctorado de la doctora Chalfoun, los cuales fueron patentados por el Conicet y la Universidad Nacional de Tucumán (UNT) en más de 20 países. El desarrollo de la tecnología se concretó en la Eeaoc y en el Itanoa, en colaboración con una empresa PyME argentina llamada Annuit SA. En forma conjunta se propuso el desarrollo de una línea de bioinsumos agropecuarios para la estimulación y protección de los cultivos.

- ¿Cómo funciona el bioinsumo PSP1?

- La actividad bioestimulante del PSP1 se basa en la inducción de la defensa de las plantas. El principio activo está constituido por una proteína de origen microbiano, que activa los mecanismos que las plantas tienen naturalmente para defenderse frente al ataque de un amplio rango de patógenos. Este efecto inductor se traduce, a campo, en un incremento del rendimiento en diferentes cultivos como frutilla, soja, trigo y cebada.

- ¿Cuándo se comenzará a comercializar y en qué países?

- Recientemente, la tecnología PSP1 fue registrada ante el Senasa argentino en la categoría de acondicionador biológico con el nombre ISDV (sigla que proviene de “Inductores de los Sistemas de Defensa Vegetal”).

Este hecho permitirá su inminente liberación al mercado, como el primer bioproducto de uso agropecuario inductor de la defensa vegetal desarrollado enteramente en el país, con aplicación a una amplia gama de cultivos, tanto intensivos, como los son los fruti-hortícolas, y también extensivos como los cereales y los granos.

El producto fue completamente desarrollado en Argentina. Sin embargo, por sus propiedades y por la estrategia de patentamiento seguida, tiene una proyección de comercialización a una escala internacional.

La generación de esta tecnología es un claro ejemplo de desarrollo tecnológico de “ciclo completo”, es decir, que es una derivación tecnológica que se transfiere al sector productivo a partir del conocimiento científico básico surgido del ámbito académico público.

- ¿Qué beneficios tiene esta tecnología para la agricultura?

- La competitividad de esta tecnología está determinada por las ventajas que derivan del reemplazo parcial o total de los agroquímicos de síntesis, que provienen de fuentes no renovables como las materias primas fósiles (petróleo, gas y carbón).

Este bioproducto, que no es tóxico para la salud humana ni ambiental, está dirigido a un mercado relativamente nuevo que está actualmente en crecimiento.

Es importante destacar que el desarrollo de este tipo de bioinsumos marca un cambio de paradigma en la agronomía, con una perspectiva más holística y ecosistémica, que no solo se concentra en el aumento de la productividad, sino también en la sostenibilidad ambiental, económica y social de la producción, y en el legado a las generaciones futuras siguiendo el concepto de la Bioeconomía.