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Por qué los tucumanos somos tan impuntuales

Llegar tarde es una mala costumbre que practican desde las máximas autoridades políticas hasta el público que asiste a cualquier show.

Por Carolina Servetto

06 Sep 2018

La impuntualidad define a los tucumanos. Nos caracteriza. Es que esa maldita costumbre de llegar tarde a todos lados tiene que ver con lo cultural, afirman los especialistas. Y sobre ese supuesto (ya probado) no hay con qué darle. “Los tucumanos somos impuntuales por naturaleza”, coinciden tanto Graciela Chamut, especialista en Administración de Empresas, como Patricia Ibazeta de Posse, directora de Ceremonial de la Gobernación provincial y miembro de número de la Academia Argentina de Ceremonial.

Para los impuntuales siempre hay excusas a la hora de justificar las llegadas tardes. Chamut dice que la impuntualidad puede tener causas internas o externas. “Las internas tienen que ver con una característica personal. El sujeto no es capaz de coordinar temporalmente compromisos o tareas y se vuelve impuntual para todo. En el caso de las causas externas, intervienen factores o episodios ajenos a sí mismo como por ejemplo, el tránsito, que le impide a esa persona cumplir con el horario establecido. De cualquier manera habla de una incapacidad para prever situaciones difíciles y evitar que esto ocurra”, aclara.

Pero ojo: la impuntualidad puede tener consecuencias severas, sobre todo en el ámbito laboral.

“La peor sanción que una persona puede recibir es la condena social”, afirma Graciela Chamut. “El impuntual expone una imagen negativa de sí mismo. Genera falta de confianza y credibilidad. Demuestra poco compromiso con las tareas establecidas y a la larga su trabajo no tiene el mismo valor”.

Tanto en el ámbito privado, como en el público, el tiempo cuesta dinero y llegar 10 minutos tarde a nuestro trabajo todos los días durante un año equivale a desaprovechar 44 horas. “El impuntual pierde una semana laboral al año y ocasiona un gasto a la empresa o institución en la que se desempeña”, explica Chamut.

Los funcionarios públicos no son la excepción. Las llegadas tarde a compromisos políticos, reuniones o asuntos protocolares han ocasionado más de un dolor de cabeza y hasta el fastidio de quienes deben esperarlos por largas horas. La puntualidad por lo tanto, una costumbre que ha caído en desuso, es hoy una virtud, que algunos pocos políticos tienen.

Sin ir mas lejos, el lunes de esta semana, el gobernador, Juan Manzur, y su vicegobernador, Osvaldo Jaldo, hicieron esperar por casi 45 minutos a los docentes, alumnos y familias de la escuela secundaria N° 254 de Los Aguirre. El encuentro para celebrar los 100 años del establecimiento y recorrer algunas obras se pospuso más de lo esperado por “cuestiones de agenda” del primer mandatario local. Según sus allegados, suelen ser largas y habituales las demoras.

Qué dice el gobernador

“Siempre soy muy respetuoso del tiempo de todos. Y en realidad, trato de llegar a horario y ser puntual. No es fácil y siempre hay imprevistos. A veces uno planifica y surgen imponderables que no tenemos previstos”, se justificó cuando LA GACETA lo consultó sobre el tema. “No hay límites de tolerancia para una llegada tarde, hay que cumplir con el horario”, agregó Manzur, aunque reconoció que Jaldo es un ejemplo de puntualidad.

Patricia Ibazeta de Posse dirige el área de ceremonial y protocolo del Poder Ejecutivo desde 1995. Ha trabajado guiando a los gobernadores tucumanos en las reglas de etiqueta desde ese entonces hasta la actualidad. Y es, sin dudas, palabra autorizada para afirmar que “es muy difícil” lograr que los funcionarios sean puntuales. “Es fundamental. Una persona educada debe ser puntual. Por eso asesoramos a funcionarios en ese métier -explica-. Tratamos de marcar los requisitos de la puntualidad a nuestros funcionarios. La referencia del de mayor jerarquía es central porque es quien debe dar el ejemplo”. Aunque también aclara que es posible que un primer mandatario llegue tarde. “Es entendible, por la cantidad de compromisos y la apretada agenda diaria. Llegar tarde puede justificarse en un gobernador, pero no así en un funcionario menor”, sentencia.

Ibazeta de Posse coincide en que los tucumanos somos impuntuales y que los latinos tenemos una tendencia a ser más flexibles con los horarios de llegada a una reunión. “Afortunadamente en los últimos años hemos notado un cambio. Es leve y se da de manera paulatina”, reflexiona. ¿Hay un límite de tolerancia para llegar tarde?, le consultamos. “10 minutos, no más”, dijo con firmeza.

EN TRIBUNALES. Instalaron un sistema de asistencia biométrica. la gaceta play

Asistencia biométrica

Por el contrario, el Poder Judicial encontró la solución al problema del ausentismo y las llegadas tarde de sus empleados con la implementación de un sistema de asistencia biométrica mediante huellas dactilares. El mecanismo, que se aplica desde 2015 en su totalidad (las pruebas pilotos empezaron 10 años antes), ha logrado reducir el índice de impuntualidad en los funcionarios y agentes judiciales en más del 90%. De acuerdo con los últimos registros aportados por la secretaria de Superintendencia de la Corte Suprema de Justicia, Gabriela Blanco, en el mes de julio solo el 4,43% de los trabajadores llegó tarde, o sea 52 de un total de 2.611 empleados entre los tres centros judiciales.

“Este sistema fue implementado con el objetivo de brindar un mejor y más eficiente sistema de justicia. Los dispositivos que toman las huellas dactilares están ubicados en los ingresos del edificio del Palacio de Justicia y aportan mayor seguridad en el control de las asistencias, ya que evita registrar a una persona por otra”, explicó Blanco. “Es muy importante que los empleados judiciales lleguen en punto. Tienen el deber de dedicarse al cargo y cumplir en forma estricta con sus horarios”, agregó.

A las corridas

En muchas sociedades, la puntualidad cambia de acuerdo con los contextos y con las personas. En el libro “Interculturalidad y Comunicación”, del sociólogo argentino Alejandro Grimson, el valor de la puntualidad depende del tipo de encuentro (negocios, trabajo, una fiesta, una cena), o el lugar (en la calle, en casa, en la oficina) pero siempre existe algún criterio que establece “cuando se llega demasiado tarde”.

“En nuestro país, hay expresiones como “dejar clavado” o “plantar” que dan cuenta de la inmovilidad de quien espera y que aluden a situaciones de ofensa temporal” dice Grimson en su libro.

Lo que pasa en un teatro es un claro ejemplo de que la puntualidad como norma social puede “hacerse esperar”. Raúl Armisen, director del Teatro Mercedes Sosa explicó que tanto él como sus productores están resignados. “Siempre fui neurótico con los horarios, pero noto que los tucumanos no tienen esa neurosis”, contó entre risas. “Acá, antes de cada show, abrimos las puertas de las salas una hora antes. Sin embargo, la gente empieza a llegar en los 15 minutos previos al arranque. Imaginate que a sala llena, son 1.500 personas que tenemos que ingresar y acomodar en tan poco tiempo”, añadió.

Lo que ocurre en Tucumán es curioso. Y la observación la hacen hasta las actrices que el último fin de semana presentaron “El show de la menopausia”. Marta González contó que estuvo en varias ocasiones en Tucumán e incluso actuó con artistas locales. “Vine muchas veces a esta querida provincia y me parece que son bastante impuntuales los tucumanos. Pero son divinos”, se rió.

Ernestina Pais y Claribel Medina, otras de las protagonistas de la obra dijeron que llegar a horario habla bien de las personas. Por eso, estuvieron listas más de media hora antes para arrancar con el espectáculo.

“Nuestra puntualidad es parte del respeto por el público”, dice Pais. “Pero nos pasa que hay gente que va al teatro y llega a la hora que cree que tiene que llegar. Se encuentran afuera y charlan. Se ponen de acuerdo con la vida y al final empezamos a las diez y media porque ellos están afuera conversando”, contó Claribel. “El teatro es un ritual y tiene sus normas, una de ellas es llegar a horario”, coincidieron.