Razones culturales, sociales y estructurales se entrelazan con los conflictos bélicos para alterar la paz entre las naciones y dentro de una misma sociedad. Por ello, la comunidad internacional debe responder a la actual crisis internacional codificando definitivamente el derecho humano a la paz, del que son acreedores tanto los seres humanos como los pueblos, las organizaciones no gubernamentales y los estados. Así lo entiende el especialista Carlos Villán Durán, quien disertó en la Universidad San Pablo-T sobre el Derecho Humano a la Paz.

El abogado español, ex Alto comisionado de la ONU habló de la situación de los DD.HH en la Argentina y de los reclamos sociales. “Los derechos humanos son derechos que tenemos todas las personas por el mero hecho de existir. Respetarlos permite crear las condiciones indispensables para que los seres humanos vivamos dignamente en un entorno de libertad, justicia y paz. El derecho a la vida, a la libertad de expresión y de conciencia, a la educación, a la vivienda, a la participación política o de acceso a la información son algunos de ellos. Sin embargo, muchos no se cumplen”, resumió.

Villán Durán, profesor de Derecho Internacional de los Derechos Humanos de la Universidad de Alcalá en Madrid y presidente de la Asociación Española para el Derecho Internacional de los Derechos Humanos, analiza las luces y sombras de ese proceso de lucha por el reconocimiento de la paz como un derecho humano. Y en esa batalla pacífica, jurídica, asegura, tiene la satisfacción de ver algunos resultados: el Consejo de Derechos Humanos de Paz ha comenzado su proceso de codificación internacional, luego de que la Asamblea General de las Naciones Unidas en 2016 aprobara una Declaración sobre el derecho Humano a la Paz.

- ¿A qué se refiere cuando habla de Derecho Humano a la paz?

- Se trata de trasladar el valor universal de la paz a la categoría de derecho humano, de manera que esa paz, por todos ambicionada, se convierta además en una categoría jurídica que el ser humano y los pueblos puedan reclamarla.

- ¿Cómo se trabaja sobre el derecho humano a la paz en el mundo y en cada país en particular?

- Curiosamente aunque la Organización de las Naciones Unidas se fundara en el año 1945, con la pretensión de establecer un sistema de derecho internacional que garantice la paz y la seguridad en todo el mundo, es de lamentar que la paz no se constituya todavía en un derecho humano, y para cumplir es que nuestra asociación ha liderado una campaña mundial de la sociedad civil internacional a los fines de reclamar a los estados miembros de las Naciones Unidas que reconozcan la paz como derecho humano, y para ello se inicie la codificación internacional y el desarrollo progresivo del derecho humano a la paz.

 - ¿Qué les impide a los países a que colaboren con este tema?

- Negocios, intereses, sobre todo el gran negocio del armamento, de la carrera de armamentos. El mundo se gasta miles de millones de dólares al año en compra y venta de armas. Hoy en el mundo hay 70 conflictos armados abiertos, entonces el principio básico de la carta de las Naciones Unidas de la prohibición del uso de la fuerza en las relaciones entre Estados se ha hecho agua porque se viola constantemente y nadie reclama la impunidad de los que violan el derecho internacional, los derechos humanos y el derecho internacional humanitario en sangrientos conflictos armados donde las principales víctimas no son fuerzas armadas, sino la población civil. Por ejemplo en Siria ahora mismo.

- ¿Por qué siempre se relaciona a la paz con conflictos bélicos y no se lo analiza desde otras perspectivas, que tienen que ver con no poder alcanzar o hablar de paz cuando tenemos pobreza o cuando tenemos carencias estructurales?

- Empezamos con lo bélico porque es lo más evidente, pero efectivamente también necesitamos la perspectiva positiva de la paz, que es la ausencia de violencia estructural, la violencia producida por las desigualdades económicas y sociales. En el mundo hay 850 millones de seres humanos padeciendo de hambre. El hambre produce violaciones de derechos humanos a la vida de forma masiva. La inmensa mayoría del tercer mundo no tiene acceso y no disfruta de sus derechos económicos, sociales y culturales básicos: derecho a la alimentación, al agua potable, a una vivienda digna o a acceder a servicios básicos de salud. Además, hay un tercer pilar que no es menos importante: la violencia cultural. Vivimos en sociedades extremadamente violentas: enchufamos la televisión y le damos violencia a los niños, no porque ellos sean violentos, sino porque es lo que aprenden en el seno familiar. La violencia de género es espantosa y atraviesa a todas nuestras sociedades. En todas partes se ha construído la violencia entre una mitad de los que habitan el mundo, los hombres, contra la otra parte de la mitad, las mujeres. Esa dominación por la fuerza de los hombres contra las mujeres es como está construída la sociedad actual.

- ¿Cómo se empieza a trabajar sobre esa violencia estructural?

- Es fundamental la concientización de la sociedad civil para reclamar a sus representantes electos en sus parlamentos la aprobación de leyes justas que tiendan a una distribución de la riqueza nacional más equitativa, de manera que las desigualdades se vayan reduciendo, y que la sociedad no se divida entre una minoría elitista riquísima y una mayoría pobre sin ningún derecho. La batalla contra la violencia cultural ha comenzado hace muchísimo tiempo y estamos viviendo un empoderamiento de la mujer que no tiene precedentes. Ahora se debate en Argentina una ley que autoriza el aborto, reconociendo que es uno de los derechos de la mujer disponer de su cuerpo. La disposición del cuerpo, por ejemplo, es algo que nunca se discutió del hombre. Entonces, ¿por qué la mujer no va a poder disponer de su cuerpo?