Un hombre perdió sus piernas, parte de su cara y sus dedos luego de ser lamido por su perro. Aparentemente un rasguño accidental lo habría infectado con una peligrosa bacteria que lo dejó al borde de la muerte.

El accidente ocurrió hace un año y medio mientras el doctor británico Jaco Nel jugaba con Harvey, como lo hacía habitualmente. En un momento, Nel notó un rasguño en una de sus manos que no lo alarmó, pero por precaución se limpió y se desinfectó. Dos semanas después se enfermó pero por lo síntomas creyó que era una gripe. Nunca se imaginó lo que vendría después.

"Me debí de enfermar mucho porque me sentía confuso, desorientado. No escuché el teléfono cuando me buscaban al faltar al trabajo", contó en una entrevista con la BBC.


Una bacteria de la saliva de su perro ingresó a su cuerpo por el rasguño y lo infectó causándole una septicemia que lo dejó al borde de la muerte. Pasó cinco días en coma y meses en el hospital. En ese tiempo perdió las dos piernas (de la rodilla para abajo), todos los dedos de una mano y se le desfiguró parte de la nariz y la boca, lo que le produce dificultades para hablar.

Quien lo encontró fue su pareja y, según recuerda, “estaba en un terrible estado”. “Llamó a los servicios de emergencia y se portaron genial: inmediatamente se dieron cuenta de que era septicemia y empezaron a tratarme de urgencia allí mismo", expresó.

Cuando se despertó del coma su situación lo shockeó: “me desperté y vi que tenía prácticamente todo el cuerpo negro: la cara, las manos, las piernas, debido a los daños en los tejidos causados por la coagulación anormal de la sangre, que es algo que pasa por el choque séptico”.

La septicemia es la principal causa de muerte en el mundo, según la Organización Mundial de la Salud (OMS) y unas 20 millones de personas se vuelven víctimas de ella al año.

En estos casos es clave obtener un diagnóstico temprano para poder recuperarse. Un estudio arrojó que en el 80% de los casos se puede tratar favorablemente si se hace en la primera hora. Cada hora que pasa incrementa el riesgo.

"Me sentí profundamente deprimido, sentí ira y en algunos momentos pensé que no lo podría soportar", dijo Nel.

El doctor salió adelante con la ayuda de familiares, amigos y colegas del trabajo. "Siempre fui una persona determinada, nada me detiene", expresó. Y agregó: “creo que también me ayudó a salir adelante la fe y el deseo de volver a trabajar y a recuperar mi vida".

Luego de tres meses de tratamientos volvió a caminar y regresó a su casa. Una vez allí tuvo que tomar otra dura decisión: sacrificar a su perro ya que existían posibilidades de que produjera una nueva infección en otras personas.