Por Ricardo Grau - Para LA GACETA - Tucumán

En contraste con quienes construyen puentes, universidades, aeropuertos y caminos, se expresan impidiendo su funcionamiento. Logran así visibilidad e íntima satisfacción. Puestos a emigrar, prefieren algún país anglosajón o de Europa occidental. Puestos a opinar, Cuba, la República Bolivariana o, en su momento, la China de Mao y la Unión Soviética (Stalin incluido). Esto no les impide declararse defensores entusiastas de los derechos humanos y ocasionalmente hacer negocios en el rubro. “Negocio”, como “eficiencia”, “objetividad”, “meritocracia” son vocablos que les infunden temor. Simpatizan más con las artesanías que con la industria. No la laboriosa y obsoleta producción más o menos casera de cosas útiles sino, mayormente, la orientada al menudeo de bijouterie (aritos, pulseras, llaveros, pañuelos) y accesorios de superstición (atrapasueños, amuletos curativos o preventivos de amplio espectro), en especial si se venden en locales precarios, libres de impuestos. Contundentemente, se manifiestan enemigos del machismo, la homofobia y la misoginia; cuando estos comportamientos son ejecutados por militantes de un pueblo “originario” o un movimiento “social” adhieren al derecho de abstención. Parecieran preocuparles mucho las alarmantes noticias sobre los efectos del cambio climático y otras catástrofes ambientales; los alivia entender que evidencian defectos capitalistas. Son democráticos cuando los votos avalan sus candidatos; caso contrario entienden que el electorado ha sido maliciosamente manipulado. Desconfían del libre tránsito de objetos, ideas y personas. El miedo a la globalización y la libertad los lleva a ser nacionalistas y socialistas: se declaran enemigos del nacional-socialismo. Enemigos del racismo: no siempre disimulan su simpatía por las teocracias antisemitas; consideran que hay etnias inimputables. Y enemigos del fascismo: adhieren a formas de populismo. Su éxito y resiliencia resultan de dotes verbales; administran las palabras con creatividad, convicción y eficacia. Es característico, por ejemplo, que hablen de “recuperación” para referirse a la apropiación de un bien ajeno (lo que víctimas y ladrones poco sofisticados llaman “robo”). Desde esa escuela literaria resignifican términos como “intelectual” o “progresista”.

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Ricardo Grau - Profesor de la UNT, investigador del Conicet.