Fue uno de los protagonistas de la jornada, a pesar de que su nombre no aparece en la causa y tampoco será testigo. Lautaro Di Lullo (foto), técnico del Poder Judicial, fue convocado para que explicara cómo podrían obtener las partes las copias de las escuchas telefónicas que se hicieron durante en la investigación. Nervioso, indicó que podía realizar esa tarea, pero antes debía conocer el formato en el que se habían realizado y la cantidad de CDs existentes. Marcos López Frías, secretario de la Sala III, dijo que el material estaba guardado en un armario de una oficina, pero que no podía precisar más detalles. Fue el fiscal Diego López Ávila el que aclaró el panorama: dijo que las escuchas realizadas por su par Carlos Albaca habían sido grabadas en casetes, mientras que las que se hicieron bajo su órbita, en DVD. No pudo precisar quiénes fueron las personas escuchadas, tema que se informaría hoy. 

EL DIARIO DEL JUICIO

Como un árbitro
Sólo le falta lucir una casaca multicolor, pantalón corto y llevar un silbato colgado de su cuello. Carlos Caramuti, presidente del tribunal, se transformó en una especie de árbitro del juicio. Desde que se inició, el magistrado interviene para poner orden en las audiencias cuando las partes se exceden. Cada vez advierte más a los defensores para que no repregunten o que no insistan con planteos. Con el transcurso de las jornadas, ya son clásicos los cruces con los defensores Gustavo Morales, Gustavo Carlino y el fiscal Carlos Sale. Pero en todos los casos las discusiones terminan con sonrisas. 
Fueron célebres sus constantes reclamos a los técnicos para que el sistema de sonido no tenga ninguna falla y, cuando consiguió la perfección en la coordinación, insistió a las partes para que los utilicen bien así se puedan escuchar sus palabras. “Doctor, enfréntelo al micrófono”, fue la frase que en más de una oportunidad emitió.
Carumuti no sigue la “línea dura” impuesta por el árbitro de fútbol Javier Castrilli, pero tampoco se inclina por el “siga, siga” de Francisco Lamolina. En realidad, su papel podría compararse con los mesurados Horacio Elizondo o Néstor Pitana. A su favor siempre aparece que recurrió a una ironía en vez de un llamado de atención. “¿Y si preguntamos, doctor?”, es otro de los clásicos que utilizó para evitar pedirles a los profesionales que elaboren un interrogante y no que argumentaran antes de preguntar alguna cuestión.

Como un árbitro

Sólo le falta lucir una casaca multicolor, pantalón corto y llevar un silbato colgado de su cuello. Carlos Caramuti, presidente del tribunal, se transformó en una especie de árbitro del juicio. Desde que se inició, el magistrado interviene para poner orden en las audiencias cuando las partes se exceden. Cada vez advierte más a los defensores para que no repregunten o que no insistan con planteos. Con el transcurso de las jornadas, ya son clásicos los cruces con los defensores Gustavo Morales, Gustavo Carlino y el fiscal Carlos Sale. Pero en todos los casos las discusiones terminan con sonrisas. 
Fueron célebres sus constantes reclamos a los técnicos para que el sistema de sonido no tenga ninguna falla y, cuando consiguió la perfección en la coordinación, insistió a las partes para que los utilicen bien así se puedan escuchar sus palabras. “Doctor, enfréntelo al micrófono”, fue la frase que en más de una oportunidad emitió.
Carumuti no sigue la “línea dura” impuesta por el árbitro de fútbol Javier Castrilli, pero tampoco se inclina por el “siga, siga” de Francisco Lamolina. En realidad, su papel podría compararse con los mesurados Horacio Elizondo o Néstor Pitana. A su favor siempre aparece que recurrió a una ironía en vez de un llamado de atención. “¿Y si preguntamos, doctor?”, es otro de los clásicos que utilizó para evitar pedirles a los profesionales que elaboren un interrogante y no que argumentaran antes de preguntar alguna cuestión.