INVESTIGACIÓN

KASPAR HAUSER

PAUL JOHANN ANSELM VON FEUERBACH

(Interzona - Buenos Aires) 

En la tarde del 26 de mayo de 1828, en la localidad de Nüremberg, apareció, sin que nadie supiera absolutamente nada de su procedencia o paradero, “un niño salvaje” llamado Kaspar Hauser con una carta en la mano. En ella, un desconocido solicitaba que se hicieran cargo del muchacho. Él, apenas sabía repetir la misma frase ininterrumpidamente: “ser jinete como lo fue mi padre”, además de “no sé” cuando se le dirigía la palabra. Su persona revelaba un estado de absoluto abandono. Un infantilismo que contrastaba con su tamaño. Toda su conducta era un reflejo puro de la inocencia infantil. Su ignorancia de los fenómenos y elementos más comunes y cercanos daba lugar a los comentarios más increíbles. ¿El misterioso adolescente era un tonto, un loco, o un salvaje?

Al principio se lo trató como un prisionero, pero al notar que se trataba de un caso rarísimo, se entregó al manso salvaje a un profesor llamado Daumer, quien se ocupó del desarrollo intelectual de Kaspar. El primer y más entusiasta tutor de Hauser, con el transcurso de los meses, según narra este estudio del jurista von Feuerbach (1775-1883), le enseñó a hablar y escribir, llegando a conclusiones escabrosas.

El muchacho había permanecido cautivo toda su vida en una pequeña bóveda subterránea. Tan pequeña que no le permitía extender por completo sus piernas. Debía, tanto despierto como dormido, “permanecer sentado con la espalda apoyada contra la pared en forma recta”. Había crecido aislado, sin contacto con otras personas.

¿Quiénes fueron sus padres?; ¿por qué habrían de querer reducir a una persona a un estado de bestialidad irracional?; ¿quién había sido su captor? Decenas de científicos de la época especularon sobre su origen, siendo una verdadera obsesión colectiva. La muerte de Hauser, más enigmática aún, lo convirtió en un caso célebre.

La edición de tapa dura, en traducción de Ariel Magnus cuenta con documentos originales de la época, previos a la construcción del mito de quien es conocido como “el huérfano de Europa”.

© LA GACETA

Augusto Munaro