Por Valeria Trapaga (*)

El Día Nacional del Mate, establecido el 30 de noviembre, es el homenaje vivo a la tradición más popular de los argentinos. Consagrada como la bebida argentina por excelencia, el Congreso Nacional estableció el 30 de noviembre como el Día Nacional del Mate, conmemorando el nacimiento de Andrés Guacurarí y Artigas "Andresito", quien fuera el primer gobernador indígena de la historia argentina al frente de la llamada Provincia Grande de Misiones entre 1811 y 1821.

Empecemos con un poco de historia. Cuando los guaraníes descubrieron la yerba mate se vieron sorprendidos por las cualidades de sus hojas. Reconocieron en ella un alimento sagrado que disfrutarían durante décadas reunidos alrededor del fuego en un ritual que llegaría intacto hasta nuestros días. Es esta historia y esta mística lo que hace que los argentinos hayamos convertido a esta infusión en bebida nacional.

Y la queremos tanto, es un ritual tan incorporado en nuestras vidas que no nos detenemos a observarla, mirara, olerla y tocarla. Al igual que otras bebidas, la yerba mate nos invita a redescubrirla a través de una experiencia sensorial. Con su aroma a hierba seca y crujidos sutiles, esta infusión tiene mucho más para contar de lo que nos imaginamos.

El secreto del sabor y la calidad

A la hora de reconocer la calidad de la yerba mate, existen tres puntos fundamentales:

- Su procedencia: los tipos de suelos y las latitudes de dónde provienen las plantas. En este punto es clave el cuidado de cada planta y la época del año en la que se realiza la cosecha.

- El proceso de elaboración: desde el vivero hasta el paquete en la mesa de los consumidores, el cuidado en cada etapa de la cadena de valor es importante para conseguir un producto de calidad.

- La receta: el último proceso es cuando se separan los cuatro componentes básicos de la yerba mate: hoja fina, hoja gruesa, polvo de hoja y palo. La proporción de los diferentes componentes le otorgan diferentes características a la yerba mate.

Experiencia sensorial

En primer lugar, comenzamos con la vista. El color de la yerba tiene que ser verde claro con tonalidades amarillentas. Las hojas deben exhibir un aspecto limpio y parejo en su color y formas, y los palos deben estar lo más enteros posible.

Al tacto, la hoja de yerba mate debe ser bien seca. El polvo debe desprenderse fácilmente de la palma de la mano. Una yerba de calidad ofrece un aroma a hierba seca con un leve dejo tostado. Puede apreciarse pleno, puro y hasta complejo según sea su procedencia.

La yerba también debe escucharse: al tomar un puñado de yerba mate y presionarlo acercándolo al oído, debe percibirse un crujido sutil. Esta característica virtuosa indica que pasó por un buen proceso de secado.

Y finalmente, su gusto debería ofrecer un leve toque amargo. Depende cómo haya sido el tratamiento de la yerba, sus medios y finales de boca podrán ser cortos, aterciopelados, dulces y redondos, o largos, persistentes, profundos y más salvajes.

Los invito a todos a redescubrir nuestra bebida nacional y celebrarla en su día.


(*) Primera sommelier especializada en cata de yerba mate, formada en Establecimiento Las Marías. (Télam)