Lisando tiene las horas contadas: el restaurante que marcó la carrera de grandes artistas tucumanos cierra sus puertas luego de 32 años de trayectoria. Sus dueños, Carlos Estévez y Margot, lo celebraron con una fiesta entre amigos, familiares y clientes de toda la vida.

Lisandro marcó una época. Además de los innumerables tucumanos que pasaron por sus mesas en busca de buena comida, se caracterizó por los encuentros entre teatreros y músicos después de cada función, por los desvelos y las guitarreadas hasta el amanecer.

Anoche, a horas del cierre (hoy, martes, es el último día del restaurante), el músico Lucho Hoyos organizó un festejo para homenajear a Carlos, a Margot y a sus empleados. Los cinco hijos, los diez nietos, los ahijados y los sobrinos de los dueños se pusieron delantales con la palabra “Gracias” y sirvieron a todos.

En la puerta estaba María, la primera nieta de la familia, que era la encargada de recibir a los visitantes. El resto despachaba las bebidas, otros estaban en la cocina, un grupo servía las mesas y otro, lavaba y secaba la vajilla.

A pesar de que eran los agasajados, Margot y Carlos no podían quedarse quietos. “Por eso les dijimos que cierren, es la única forma de que no quieran trabajar y descansen”, gritó desde la barra Bernardo, uno de sus nietos.

Betty cumplió 40 como jefa de cocina y fue la primera en decir que anoche no estaba contenta. “Siento mucha melancolía. Ésta es mi familia”, dijo entre lágrimas.

Grillo Córdoba, Pancho Santamarina y Mano e Mono se alternaron para musicalizar el festejo.

Las emociones y los recuerdos corrieron por las mesas entre las empanadas y las copas de vino. “El mejor recuerdo que tengo son los años nuevos con mi mamá, con mi papá y con toda mi familia”, detalló Margot y rompió en llanto. Carlos, por su parte, manifestó que el cierre de Lisandro es para él un descanso merecido y esperado. “Nos ganó la vida. Tenemos 50 años de actividad gastronómica”, detalló.

“Veo que están todos alegres y a mí me está costando. Mi recuerdo es salir con la luz mañanera, después de varios brindis honestos y la noche clausurada”, evocó el guitarrista y folclorista Juan Falú.

“Me acuerdo cuando nos juntábamos con mis primos. Les queríamos copiar a los cocineros y hacíamos una mini producción de empanadas y las repartíamos”, agregó Lara Steimberg, nieta de los dueños.

Todas las paredes están colmadas de fotos familiares y de distintos artistas tucumanos que pasaron por sus mesas a lo largo de los años. Pero hay una que se destaca del resto. Lleva un mensaje que dice: “comimos, bebimos, brindamos, charlamos, nos reímos, nos emocionamos… ¡Los vamos a extrañar! Margot y Carlos”.