Con la Ciudad Sagrada como escenario se está haciendo un corto de 15 minutos para relatar los 100 años de resistencia de los quilmes frente a los españoles y su modo de vida

En todo set de filmación hay algún imprevisto, siempre. Pasan cosas, se rompen luces, se caen telas, un actor se desmaya. Y acá, en Quilmes, en el valle calchaquí verdaderamente árido, los imprevistos son un tropel de ovejas que ha confundido el camino y está a centímetros de pisotear todos los equipos.

Se para todo. El director se exalta y pide por favor que saquen esos animales de ahí, y una mujer bajita apura como puede su renguera. Las ovejas desaparecen entre las espinas. La cámara vuelve a mirar a Thayson Mamaní.

Thayson Miguel Mamaní (le gusta usar sus dos nombres, al primero lo deletrea) va a representar a un cacique durante la guerra contra el invasor europeo. Ahora tiene 21 años y no se acuerda cuántos tenía en 2014 cuando se presentó por primera vez al casting para filmar una película sobre los quilmes. En aquel momento, él había pensado que si había una oportunidad de actuar para contar la historia de sus ancestros, era esa. “Por ahí esas cosas son una vez en la vida”, había pensado cuando tenía 17, y lo mismo pensó ahora que se reflotó el proyecto después de tres años y un intento fallido. Una historia también de película, que hay que contarla aparte.

Fuera del set y en una carpa escudo para el sol del mediodía, una chica con acento porteño o cordobés o santafesino, o todo eso junto, le coloca el vestuario a Ramón Ramos, otro cacique calchaquí en 1667, pero chofer del Ente de Turismo en octubre de 2017. Su tarea era la logística de la producción del cortometraje, pero faltaba un cacique, y si hay que hacerlo lo hacemos, y venga no más, Ramón, tiene que ponerse esto.

Ramón es el único foráneo entre los casi 20 actores de Quilmes, El Bañado, Amaicha, Las Cañas y otras localidades cercanas. Todos igualmente voluntarios, fueron elegidos para representar las batallas de sus antepasados, para un video de 15 minutos que se verá en el centro de interpretación que se está construyendo en la Ciudad Sagrada de los quilmes. El trabajo cuenta desde la llegada de los primeros pobladores a las orillas del río Santa María, su estilo de vida, hasta la invasión española y los consecuentes 100 años de resistencia de los quilmes hasta llegar al éxodo forzado, según describe el director, Mauricio Miotti.

Todo el pueblo está al tanto de la filmación. “Han estado en el río, allá en el cerro. De noche también anduvieron filmando”, dice una mujer que vende vasijas de cerámica en el paseo provisorio a los pies de las ruinas. Ahí mismo, donde está la hostería detenida en el tiempo, está alojado todo el staff de producción audiovisual que trabaja para el estudio porteño Berra Desarrollos Creativos, autor del proyecto y el montaje museológico del centro de interpretación.

“Queremos participar”

Están instalados hace dos semanas en esta tierra alta y de sol bravo, de tiempos lentos y noches de muchas estrellas. De noche, precisamente, salieron tomas buenas y buenas reflexiones. “Hicimos escenas sobre los rituales de los quilmes. Ellos nos corregían algunas cosas, hicieron sus aportes en base a lo que saben de sus costumbres, pero eso se logró después de entrar en confianza. Pareciera que tuvieran cierta vergüenza de contar detalles de cómo era la vida de sus ancestros, pero lo hicieron y enriquece mucho el relato”, cuenta María Eugenia Ferrer, productora audiovisual del estudio que dirige Pablo Berra.

Los videos se proyectarán en el nuevo museo para describir la vida cotidiana, sus creencias, el modo de vida -para lo que se reconstruyó una vivienda típica, en las ruinas de la Ciudad Sagrada-, las luchas y finalmente el éxodo. A esa historia la están contando ellos mismos, los herederos de los quilmes, que ven el museo como una manera de terminar con tantos años de silencio.

“A nosotros lo que nos interesa es participar. Había un montón de gente en los castings, nunca nadie habló de si pagaban o no, porque lo que queremos es participar en lo que se diga de nuestra historia. Eso, participar”, resume Thayson.

Las escenas de la guerra son las últimas y se termina el rodaje. Se repiten una y otra vez las corridas de los nativos, vuelan flechas de utilería, se tiran sobre colchones los caídos en la batalla, todos juntos, ahora de a uno, de nuevo todos juntos. Los porteños y cordobeses y santafesinos de la producción ya no saben de qué manera cubrirse del sol y los actores con ponchos y huesos colgando corretean dando alaridos. Antes de volver al camarín donde se preparan otros luchadores, Thayson posa para las fotos como si lo hubiese hecho desde siempre. “¿Cuándo sale la nota?”, pregunta.