Hace 90 años eran ejecutados los anarquistas italianos Nicola Sacco y Bartolomeo Vanzetti y su muerte en la silla eléctrica fue tapa de los diarios del mundo. Más de seis años de proceso judicial, apelaciones y pedidos de clemencia llegaron a su fin y en los primeros minutos del 23 de agosto de 1927 ambos fueron electrocutados junto al portugués Celestino Madeiro. Los años demostraron que el proceso estuvo plagado de vicios y violaciones a la ley, y que fueron acusados por su condición política y no por las pruebas recogidas. El calibre del arma secuestrada a los anarquistas no correspondía con la bala que había matado a los pagadores asesinados en abril de 1920. El mismísimo Madeiro reconoció haber sido uno de los asesinos de los empleados de la fábrica de calzado Slater and Mornil de South Baintree Frederick Parmentier y Alessandro Berardelli.

Nuestra tapa titulaba en primera plana “Sacco y Vanzetti fueron electrocutados”. En toda la página se informaba sobre la muerte de ambos. Los escuetos cables relatando paso a paso los hechos que ocurrieron a más de 12.000 kilómetros de distancia eran expuestos en la página y se anunciaba que basados en la trascendencia de la noticia se mantuvo un “servicio especial informativo, fijando las noticias que recibía en sus pizarras, a la vez que las anunciaba con bombas de estruendo”. El frente del edificio de nuestro diario se volvió un imán para los tucumanos que se estacionaron “delante de las pizarras siguiendo con vivo interés nuestras informaciones, aumentando paulatinamente, hasta formar a la noche un inmenso gentío”. Tras agradecer la colaboración del telégrafo del ferrocarril Central Córdoba y la estación radiotelegráfica de United Press para brindar la primicia de las ejecuciones, se señalaba que “produjeron sensación en el público, pues hasta último momento se esperaba una nueva postergación, confiándose en la conmutación de la pena”. Esa sensación, primero de esperanza, se tornó en frustración al conocerse la muerte de Sacco y el público “se vio protestando contra la justicia norteamericana. Igual cosa ocurrió cuando anunciamos la muerte de Vanzetti. En ese momento, algunos de los congregados vivaron con honda emoción a los electrocutados en Massachusets. Luego el público se retiró en silencio sin que se produjese desorden alguno”. Como puede verse nuestra provincia, en concordancia con lo que ocurría en el mundo, se manifestaba en contra de lo ocurrido en Estados Unidos y en contra del proceso. Allí mismo se informaba de disturbios en varias ciudades europeas, como los ocurridos en Ginebra, donde la gente sacaba de los cines las películas norteamericanas. Además, en varias ciudades norteamericanas hubo disturbios que fueron reprimidos por la policía.

En Argentina

Las cosas no fueron diferentes en el país, ya que los gremios hicieron medidas de fuerza en Buenos Aires, Mendoza, Rosario, Santa Fe y La Plata. Nuestra crónica destacaba que las funciones en teatros y cines fueron suspendidas; “al haberse plegado la Sociedad de Maquinistas y Empleados de Teatro al movimiento de huelga en toda la república con motivo de la ejecución de Sacco y Vanzetti, los tramoyistas paralizaron sus labores”. De tal manera que las manifestaciones tuvieron repercusión mundial, extendiéndose hasta el Lejano Oriente, a ciudades como Nueva Delhi, y hasta en Sidney, donde se detuvieron totalmente las obras de los ferrocarriles. Esta expresión de protesta fue la primera huelga internacional. Figuras de la talla de Albert Einstein, Marie Curie, Bernard Shaw, Orson Welles o Miguel de Unamuno hicieron oír su pedido de clemencia por los dos italianos. Se decía que a Charles Lindberg no lo habían dejado firmar una petición en París.

Inocentes

Medio siglo después, el gobernador de Massachusetts, Michael Dukakis, redactó una proclama que liberaba de toda culpa a los dos hombres, acusados de un crimen que no cometieron. “El juicio y ejecución de Sacco y Vanzetti deben servir para recordar a todas las personas civilizadas la necesidad constante de guardarse contra toda susceptibilidad hacia el prejuicio, nuestra intolerancia hacia ideas no ortodoxas y nuestro fracaso para defender los derechos de las personas que son consideradas como extranjeras entre nosotros”, dijo Dukakis en su proclamación. Además de su condición de italianos, eran también anarquistas, y la ferviente intolerancia de la sociedad estadounidense hacia su ideología influyó en la opinión pública y en la sentencia de los jueces.

El proceso

En los días previos las noticias de nuestras ediciones hacían referencia a lo que ocurría en Estados Unidos. Cada detalle que se publicaba ocupaba una parte importante de la tapa. El comité de defensa argentino le pidió al secretario de Estado, Frank Kellog, que se entregue a los diarios de su país la información sobre las ruidosas manifestaciones en Buenos Aires y que la prensa local había mostrado en detalles. La respuesta de la embajada fue defender el proceso realizado en Massachusets.

“Las ejecuciones se anunciaron así: la de Madeira a la 0.09; a la 0.19 la de Sacco, y la de Vanzetti a la 0.26”. Así relataba la crónica los momentos finales de los tres ejecutados. El portugués no emitió palabra y “su cara no tenía expresión alguna”. Por su parte, Sacco dijo: “Adiós a mi esposa, mis niños, todos mis amigos” y tras serle ajustadas las correas manifestó: “buenas noches, señores”. Vanzetti, con serenidad manifestó: “quiero decirles que soy inocente y que nunca cometí crimen alguno, si bien cometí faltas. Les doy las gracias por todo lo que han hecho por mí. Soy inocente”. No hubo restricciones para que una multitud, unas 50.000 personas, pasaran por la capilla ardiente a rendir homenaje y reconocimiento a los ejecutados.