Se mojaron la oreja. Eso es lo que hicieron el peronismo que gobierna y el opositor Cambiemos en la provincia. El miércoles convirtieron a Tucumán en un escenario boxístico por algunas horas, donde uno presumió desde el ring y el otro desde la tribuna. Nada más. Hubo amagues y provocaciones, pero nada de pelea efectiva para influir en el fallo de los jurados, en el espectador independiente. Se dedicaron más a exponer las supuestas fortalezas propias y, por comparación, desnudar las debilidades ajenas. Nosotros transparentes, ellos corruptos; ellos insensibles, nosotros víctimas. El paso fugaz de Macri dejó para el anecdotario político su descalificación de Manzur por mal comportamiento, a su entender. Y desde la otra vereda se expuso la típica apuesta peronista a las movilizaciones para contrarrestar, desde lo visual, la imagen de un Presidente con actos sin un marco multitudinario. Todavía falta para la disputa definitiva, por lo que lo ocurrido fue casi un entremés; un ensayo de lo que se viene.

Sin embargo, hubo detalles a analizar entre bambalinas. Por ejemplo, desde el significado de las palabras se puede interpretar que Macri en Tucumán más que “visita” -ir a un lugar por cortesía-, fue “visitante”, o sea que vino a jugar su partido en el territorio del contrincante. Por eso ni un saludo, como para potenciar las diferencias con el adversario político. Los manuales de Ceremonial y Protocolo indican que el saludo en un gesto de cortesía y de buena educación. “De no enemistad”, según la página www.protocolo.org. Dice más al respecto, lo que a los fines de la interpretación de lo que pasó, le añaden condimento político a las circunstancias: “se puede saludar por cortesía, aunque la persona no sea de nuestro agrado. No obstante, hay una expresión que da una idea de la importancia de este gesto: ‘retirar el saludo’. Cuando la enemistad es manifiesta, se suele usar para indicar que con una persona no se quería tener una relación de ningún tipo. Ni tan siquiera el saludo”. El jefe de Estado vino a mostrar y decir que hoy, en tiempo de PASO, hay enemistad política, electoral e institucional.

Millones de no militantes

Si bien la amistad no es una cualidad relevante en la actividad política, hasta en la guerra -definida entre otras ideas como la continuidad de la política por otros medios- hay gestos de caballerosidad. Es que la dirigencia peca por ausencia de virtudes ya que sigue apostando a la instalación de la grieta como método de acción política y electoral; básicamente porque cree que distanciarse y exponerse como diferentes implicará réditos en las urnas. Algunos le llaman a eso polarizar; para otros es simplemente darles nuevas banderas a los más fanáticos para que las agiten. Ese es un segmento apasionado que no entiende de diálogo, de consensos, de pactos o de convenios para beneficios mutuos; y sólo porque los que los conducen no se arriesgan a “desagrietar”.

Las cúpulas optan por hablarles a los que ya están supuestamente alineados, cuando son mucho más los que observan desde afuera. Valga un dato relativo: sobre un padrón electoral de 32,8 millones de electores, hay 8,3 millones de afiliados a partidos políticos. O sea, hay 24,5 millones de no militantes partidarios; o independientes.

Pero Macri no sólo no saludó al gobernador, sino que además lo tildó de irrespetuoso porque a su criterio el tucumano -lo mismo hizo después con Schiaretti- tuvo la osadía, y en tiempos electorales, de cuestionar su gestión, “la que antes elogiaba”. Ingenuidad o picardía. Lo que siguió confirma que algunos modos desde el poder no mutaron y que sólo cambiaron de apellido. “Cuando vuelva a comportarse de forma respetuosa volveremos a trabajar juntos”, añadió. De buenas a primeras debe entenderse como una exigencia a disciplinarse y a alinearse. Comprensible, si lo dijo para presionar a los parlamentarios tucumanos del oficialismo en el Congreso -en el caso De Vido, eso no ocurrió- para que acompañen las políticas nacionales; pero incompresible, a la luz del proceso electoral, donde lo que afloran son las diferencias políticas, porque es un tiempo para la pelea. “Néstor y Cristina nos sometían, pero nos daban; estos, nada”, se sinceró un funcionario peronista.

Sin embargo, la “irrespetuosidad” que mencionó el jefe del Estado nacional fue un mensaje a Manzur, pero para ser escuchado por el resto de los gobernadores peronistas. Es que los “compañeros” amenazan con reflotar la vieja liga de gobernadores de fines de los 90, comienzos de siglo, para enfrentarse desde una posición corporativa con más éxito frente al poder central. El jueves, los gobernadores justicialistas tienen previsto reunirse en la Casa de Entre Ríos para contrarrestar los planteos judiciales que hizo Vidal para recuperar el fondo del conurbano bonaerense y, además, para erigirse como un polo de poder interno en el peronismo para enfrentar a la ex presidenta en un eventual proceso de renovación del PJ. Doble objetivo que tiene en Manzur, Schiaretti (Córdoba), Peppo (Chaco) y Das Neves (Chubut), a los principales impulsores de la movida. Se puede entender entonces la inquietud de Macri por estos “irrespetuosos” que quieren enfrentarlo y a la vez debilitar a la mujer que él “usa” para polarizar con el discurso un poco gastado y de dudosa efectividad, en vista de las encuestas últimas, de “pasado versus futuro, corrupción versus honestidad”. Una manera de decir que el líder del PRO los prefiere irrespetuosos antes que incorregibles.

El miércoles, además, se verificó una rareza: en esta ocasión Macri no atacó al Gobierno provincial por el sistema de acoples, ni volvió a exigir la reforma política -para atenuar los efectos negativos del mecanismo- para mostrar que el oficialismo no reniega de las irregularidades; ni que quiere cambios. Esta vez decidió fustigar al peronismo tucumano por el lado de la transparencia al reclamarle a Manzur que el PE “ratifique” la ley nacional de Acceso a la Información Pública (27.275, promulgada en octubre de 2016). Una forma de decir que los “transparentes” están allá, y los “oscuros” por aquí, ya que no pueden conocerse los destinos de los fondos públicos. Denuncia que un tufillo de corruptela se filtra detrás de la intención de no avanzar en esta legislación. Lo cierto es que en el artículo 36, del capítulo de cláusulas transitorias, la norma “invita” a las provincias y a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires a adherir a sus disposiciones, y en el 38 indica que entrará en vigencia al año de ser publicada en el Boletín Oficial de la Nación; o sea en tres meses.

Vale señalar que en Tucumán hay seis proyectos de ley sobre acceso a la información pública. Cinco son de adhesión a la norma nacional y una -promovida por Guillermo Gassenbauer y acompañada por otros nueve oficialistas- propone una ley provincial. Datan de septiembre, octubre y noviembre del año pasado, y todas están en comisión, en las de Legislación General y de Asuntos Constitucionales. “A mí no me marcará los tiempos Macri”, deslizó Caponio, titular de la segunda. Lo cierto es que esta ley es una deuda pendiente y es más urgente que encarar la reforma para los acoples, ya que tendría efectos en 2019, siempre y cuando el oficialismo lo disponga. Los otros proyectos son de los legisladores Bellomio, Brodersen, Canelada, González y Bulacio. Detalle: en la iniciativa de los radicales (que no suscribe Viña, como en la otra), se apunta deliberadamente que Libres del Sur (socios en Cambiemos) no votó en favor de la ley 27.275.

Y si bien Macri metió como parte de su campaña el tema de la transparencia, la incidencia de lo electoral no impide hacer algunas consideraciones sobre la necesidad de conocer aspectos de los actos de gobierno, no sólo los referidos a los dineros públicos. Ejemplo: si estuviera vigente una norma que permitiera el acceso ciudadano a la información pública, cualquier persona podría pedir al Estado datos sobre el destino de los subsidios que otorgó la Legislatura en 2015 y cuyo proceso está judicializado. Es una posibilidad interesante; ya que la norma obliga a dar respuesta a las distintas reparticiones públicas. Y si bien hubo adelantos en materia de publicación digital de parte de la Provincia –después que se conociera que un decreto permaneció oculto más de un año-, hay situaciones que permanecen en la nebulosa, como por ejemplo, saber qué “misión oficial” realizan los funcionarios en Buenos Aires y cuya definición sirve para justificar la autorización a viajar, y con viáticos. Son pequeños detalles, pero que hacen a la transparencia y a la honestidad.

Perinola imposible

El miércoles también dejó los datos de supuestas encuestas que manejan de un lado y del otro y que les estarían dando la victoria. Una perinola imposible; no todos ganan, uno seguro que sí y el otro seguro que no. Entre los macristas que pasaron por Tucumán se deslizó que están imponiéndose por un escaso margen, de menos del 1%. En cambio, desde el FJT se dijo que sacan una diferencia de 20 puntos. O como lo dijo un entusiasta Jaldo: 200.000 sufragios.

Si lo que dicen en Cambiemos fuera cierto, tendrían que haber disminuido las notables diferencias en el oeste y en el este y aumentado en la capital en un total de siete puntos, más o menos de 60.000 a 70.000 votos. Entonces, si el pronóstico de CpB fuera el acertado estarían ganándole al oficialismo con 450.000 adhesiones.

En cambio, si lo que sostienen los del FJT fuera lo real sería porque ganaron cinco puntos más respecto de hace dos años, y estarían imponiéndose con 540.000 adherentes. Si así ocurriera, el reparto de bancas sería de 3 a 1. En la Casa de Gobierno no creen que se llegue a dar, aunque deslizan que están “arañando” esa posibilidad.

El encuestador Hugo Haime, que trabaja para el peronismo tucumano, deslizó en un programa televisivo que el oficialismo está 10 puntos arriba, más o menos la diferencia que hubo en 2015, que fue de 110.000 votos entre Manzur y Cano. Esto daría un empate en dos. Veremos qué dicen las urnas en la gran encuesta del 13 de agosto.