Acaso Nora Correa habrá estado practicando algunas costuras cuando Carlos Alberto Agüero, por entonces su flamante esposo, la invitó a La Ciudadela para ver un partido de San Martín. Ella tenía apenas 18 años. No sólo nunca había ido a un estadio de fútbol, sino que ni siquiera se consideraba hincha de ningún equipo. Él, por el contrario, con 23 años ya era un “ciruja” empedernido, a pesar de que había nacido a la vuelta de la cancha de “los primos”.
Aquella tarde, Carlos no anduvo con “chiquitas”: llevó Nora a la tribuna sobre calle Rondeau, donde se ubica la barra. Tal vez habrá pensado que si la llevaba a ese lugar, donde los latidos del corazón de La Ciudadela se sienten con más fuerza, el “Santo” conquistaría a Nora. Eso fue lo que ocurrió. A partir de ese día ella diversificó su amor: una parte para Carlos; otra, para San Martín.
Desde aquella tarde ya ha pasado medio siglo. Durante todo ese tiempo, Nora y Carlos nunca dejaron de ir juntos. “A la cancha más caliente del país”, indica Carlos. “Pero desde hace 20 años ya vamos a la (tribuna sobre) Bolívar”, precisa Nora. Ambos interrumpen su marcha hacia el estadio, para ver al “Santo” ante los santiagueños de Central Córdoba, para dialogar con LG Deportiva.
“De local no faltamos nunca. Y cuando éramos más jóvenes él viajaba. Con sus amigos fue a las canchas de River, de Boca; a Jujuy, a Santiago del Estero, a Buenos Aires”, cuenta Nora. Actualmente continúa con el oficio de modista. Con lo que gana paga la entrada. “De los primeros trabajos del mes ya separo para la cancha. Ahora venimos los dos, pero antes traía cuatro o cinco nietos”, explica ella.
Aunque Carlos la convirtió a esta “santa” religión, ella se reivindica ahora más fanática que él. “Solamente falté a un partido, en 2016, porque andaba mal de la columna y no podía caminar. Después vine siempre, incluso con bastón. A veces él me dice que no se siente bien, que está resfriado. y le pregunto: ‘¿un resfrío te va a sacar de la cancha?’. Y le digo que si no va me voy sola. Entonces me acompaña”. Yo mientras pueda caminar voy a venir”, advierte Nora, y explica que debido a ese tema no va a la tribuna sobre Pellegrini: “tiene escalones altos”.
Carlos la mira, con una sonrisa. Y luego saca a la luz su ADN “ciruja”. “Nací a la vuelta de la cancha de ‘los primos’, pero mi papá y mi hermano me hicieron hincha de San Martín. Hoy tengo 73 años, y desde que era una criatura que vengo a la Ciudadela”, dice.
No ocurrió exactamente lo mismo con los hijos de Carlos y de Nora: Carlos Alberto, Luis René y Laura Beatriz. “El primero es hincha de Atlético”, admite la mamá. Pero inmediatamente deja en claro que no hay rivalidades: “de hecho, él me cuenta de los refuerzos que se hablan para San Martín”. Con los nietos es distinto: todos son hinchas del “Santo”, según cuentan los abuelos. Eso sí, prefieren no llevar la cuenta de la cantidad. “Luis tiene nueve hijos; yo le digo que ya no les ponga nombre, que les ponga número. Son ocho varoncitos y una nena. Todos son de San Martín, al igual que él y que su mujer”, explica Nora.
Los nombres de los nietos figuran, sin embargo, en un famoso “trapo”. “Tiene una leyenda que dice: ‘la banda de los divinos’; esa bandera recorrió el país”, cuenta Carlos. “Hace más de 15 años que la tenemos”, añade Nora.
Con 50 años de asistencia a la cancha, ambos están calificados para opinar sobre el mejor equipo que vistió la “albirroja”. “A mí me gustaba mucho el que consiguió el primer ascenso a Primera, en 1988. En el que jugaba (Ricardo Luis) Troitiño. Era otro tipo de juego”, explica ella. Él se va un poco más allá en el tiempo. “Yo recuerdo cuando estaba el santiagueño Víctor Exequiel Pereyra. Aquí trajimos porteños sin necesidad, porque siempre hemos tenido grandes jugadores santiagueños, jujeños y tucumanos. Los mejores que pasaron por aquí”, afirma Carlos.
La previa
Lo que más le gusta a Nora de la cancha es la gente. “Me encanta que el público sea eufórico ”, dice. Ella misma no es una hincha “pasiva”: reconoce que grita y que por ahí se le escapan varios insultos. Pero lo que mejor le sale son las canciones... será porque las practica mucho. “Me las sé a todas; y se las enseño a mis nietos. En una pollería que tenemos suelo estar cantando; me imagino que estoy haciendo ‘la previa’”, dice.
La Ciudadela la atrapa tanto que ni el granizo la aleja de las tribunas. “Una vez estábamos jugando contra Chacarita y se largó una tormenta tremenda. Caían piedras. Nosotros estábamos rodeados de nietos y teníamos el auto como a dos cuadras. Entonces él me pregunta si nos vamos; y yo le respondo que no, que se vaya él y que lleve a los chicos, que yo me quedaba en la cancha. Y me quedé. Cuando voy a la cancha voy a la cancha”, avisa Nora.
Como todo “ciruja”, ambos quieren que San Martín suba a Primera, y que no descienda más. Pero más allá de la rivalidad hacia los “primos”, Nora no ve mal que los dos clubes jueguen en la máxima categoría: “si ascendemos y ellos no bajan, Tucumán va a ser como Rosario, que tiene a Newell’s y Central. Va a ser lindo. Yo a ellos no los quiero, pero va a ser lindo”.