Alrededor de 2.000 niños de escueltas primeras de la capital se reunieron frente a la Casa de Gobierno para jugar lealtad a la Bandaera Argentina. Los hubo de todo: de los abrigados; de los que aguantaron con un poco de sueño, de los que descansaron poco en la noche previa "para no dormirse"; los que llegaron con la promesa de "dar una vuelta por el centro" y los que volvieron felices a sus casas. Aaron Asante tiene 9 años y cursa el cuarto grado en la escuela Bernardo de Monteagudo. Se fue de la plaza Independencia casi una hora después de terminado el acto de jura a la Bandera. "Me gusta cuando la gente se reune para una fiesta", asegura el pequeño con una sonrisa pícara. A su lado, tímido y con un perfil mucho más bajo, su inseparable compañero Santiago Rosales prefiere quedarse afuera de la escena. Ni fotos quiere. 

Para Aaron esta fue una experiencia inolvidable. "Fue todo muy divertido", resume el pequeño que reconoce que lo que más le gustó fue cuando aparecieron los drones. "Todos comenzamos a saludar. Estuvo buenísimo. Nosotros cantamos las canciones que ensayamos la semana pasada", cuenta el niño que no para de sonreir. "Siempre estoy así. Me gusta divertirme con mis amigos", remata mientras busca a su mamá, que le compró helado para comer en su casa.

Otra pequeña, Martina Sánchez, también de 9 pero alumna de la escuela 9 de Julio, salió contenta del acto junto a su mamá, Mabel Naranjo. Sin embargo, se tuvo con volver a casa con las ganas. El feriado la dejó sin chances de comprarse la muñeca con la que tanto se había ilusionado. 

Uno de los que más fotos se sacó fue Fernando Vaca (9), que cursa el cuarto grado de la escuela Manuel Belgrano. Sus papás, Fernando Vaca y Vanesa García lo hicieron posar con la Casa de Gobierno de fondo una y otra vez. No faltaron a la cita ni la tía ni la abuela. "Fue una linda experiencia", resumió el más grande de los Vaca. 

El que se quedó con ganas de seguir celebrando el Día de la Bandera fue Santiago Ferrer (9). "Estuvimos ensayando una coreografía para el acto de mañana, en la escuela Bernardo de Irigoyen", confesó el niño con una sonrisa apretada por sus cachetes. 

Tanta emoción previa le jugó en contra a algunos de los protagonistas de la jornada. Vilma Ludueña, maestra de cuarto grado del turno tarde de la escuela Mitre, que acompañó a su hija Carmen, contó que una de sus alumnas casi no pegó un ojo anoche. "La mamá de Malena me dijo que se quedó despierta hasta la madrugada. No se quería perder por nada el acto", detalló la docente, que asistió por primera vez a esta ceremonia, que es un clásico para los tucumanos, cada 20 de junio.