WISCONSIN.- Desde hace un par de años, los Majors (torneos grandes, similares a los Grand Slams de tenis) del PGA Tour, se han transformado en oportunidades para los que nunca los ganaron. La historia se repitió ayer en el campo de Erin Hills, donde el estadounidense Brooks Koepka se adjudicó el Abierto de Estados Unidos N°118 y se transformó en el séptimo golfista seguido en ganar su primer “grande”.
El pico máximo de esta tendencia fue en abril cuando Sergio García, uno de los mejores jugadores sin ganar uno de esos torneos hasta Augusta de este año, a los 37 años, se calzó la chaqueta verde. Antes, Jason Day (campeonato de la PGA 2015), Danny Willet (Augusta 2016), Dustin Johnson (US Open 2016), Henrik Stenson (British Open 2016) y Jimmy Walker (Campeonato de la PGA 2016) y en ese orden, levantaron su primer torneo grande por primera vez.
Con Tiger Woods fuera de la escena por sus problemas personales y con Phil Mickelson algo desconcentrado (no llegó a tiempo a disputar este torneo por presenciar la colación de su hija), la chance para los no consagrados cada vez es más grande.
Koepka firmó ayer una tarjeta de 67 golpes, 5 bajo el par de la cancha, y se alzó con el triunfo con 272 impactos (-16). Los escoltas fueron el japonés Hideki Matsuyama y el estadounidense Brian Harman, ambos con 276 (-12) y le pusieron pimienta a la definición pero hasta el hoyo 16. Los últimos dos estuvieron casi de más y sólo sirvieron para que el jugador nacido en Palm Beach, se floreara y comenzara a festejar. (Especial-Télam)