Los artistas llegan en grupos de cinco al almuerzo. Hay verduras, fideos y pezuñas de cerdo. Cada uno tiene su propia bandeja. Algunos comen con los clásicos palitos; otros usan tenedores o cucharas. Laurel, recepcionista del hostel, revela una costumbre: “hacen ruido al comer los fideos (como una aspiración) y eso es señal de que están disfrutando el alimento”. Y aporta otro dato: “si piden ‘suero’ es que quieren agua mineral”.
¿Qué hacen los integrantes del Circo Imperial de China en ese hostel de San Martín al 200, si están alojados a varias cuadras de allí? La única comida del día debe ser elaborada en cacerolas especiales que mantienen una temperatura constante de entre 400 y 500 grados centígrados. Sólo puede manipularlas el cocinero que integra la delegación y no mueve un dedo si las paredes no tienen azulejos. Tampoco sirve un anafe industrial; debe ser uno especial, que propague un fuego muy alto. Lu Zhenghao Ake, manager del grupo para la gira por Latinoamérica, afirma que no lo consiguieron ni en Brasil ni en Paraguay. Pudieron comprarlo en Buenos Aires. En resumen: el hostel otorga las condiciones culinarias ideales.
El Circo Imperial brindó ayer en el Teatro Mercedes Sosa las últimas tres funciones. Fueron siete en Tucumán, a lo largo de cuatro días. En los camarines, LA GACETA descubrió que acróbatas, payasos, magos y técnicos estaban gambeteando la rigidez de la alimentación oriental. Por las manos de los artistas circulaban sanguches de milanesa. Ese atracón de tucumanidad dejó en claro que hay gustos de los que más vale no privarse.
Hoy partirán a su nuevo destino: Neuquén. El medio de transporte es muy distinto al que usan en su país. Aquí se mueven en micros y les lleva muchas horas de viaje; en China, en cambio, pueden recorrer 800 kilómetros, de una ciudad a otra, en apenas cuatro horas. “El sistema de trenes está preparado para que rueden a 200 kilómetros por hora, pero también hay otros más rápidos que superan los 300 kilómetros por hora”, detalló Zhenghao.
En China, ser acróbata o deportista es como ser un empleado público. Es una tradición milenaria. La edad ideal para entrar al circo es antes de los ocho años. “Lograr una buena performance lleva, como mínimo, entre tres y cinco años de entrenamiento”, explica.
Disciplina, respeto, buena alimentación y mucho entrenamiento son ingredientes para los artistas que pretenden trabajar en el grupo. Chunyan Zuo tiene 15 años. Es uno de los más jóvenes del elenco. Su show sorprende por las diferentes formas que adquiere su cuerpo. Es el contorsionista. Su compañera de escena es Wen Xiu Dou. Para este tipo de ejercicios, las claves son la respiración y el entrenamiento.
Zhenghao dice que hay artistas que llegan a contener la respiración durante 15 minutos y pueden bajar las pulsaciones a 15 latidos por minuto. Él tiene 40 años y llegó hace tres décadas a la Argentina. “En esa época había apenas unos cientos; hoy en día somos casi 160.000 chinos en todo el país -destaca-. Al principio empezaron con los restaurantes, después entraron con la lavandería y últimamente la mayoría tiene supermercados. Pero ahora están desembarcando en Argentina las grandes empresas del rubro tecnología y entidades bancarias”.