El ambiente era tenso. Además del dolor y la bronca que arrastraban los familiares de las víctimas, las diferencias entre las distintas organizaciones que participaron de la movilización se hicieron evidentes. La consigna fue la misma, pero no compartieron los medios.

El de ayer fue el tercer 3 de junio en el que las mujeres se adueñaron de las calles y las plazas en todo el país. “Ni Una Menos - Vivas Nos Queremos” fue la consigna que las unió, aunque esta vez la marcha estuvo dividida.

Las concentraciones comenzaron alrededor de las 16. En la plaza Irigoyen, frente al Palacio de Tribunales, se agruparon las Mumalá (Mujeres de la Matria Latinoamericana). En la plaza Urquiza, mientras tanto, se dieron cita las casi 40 organizaciones sociales y políticas que conforman el colectivo Ni Una Menos. Ambas agrupaciones se dirigirían luego a la plaza Independencia, donde aguardaban las integrantes de la Casa de las Mujeres Norma Nassif, acompañadas por los familiares de víctimas de femicidio.

Estas últimas se ubicaron sobre la plaza, donde estacionaron la antigua camioneta de la CCC (Corriente Clasista y Combativa) que cargaba un par de parlantes y un megáfono. Pero el sonido se enmudeció cuando llegaron los miembros del colectivo Ni Una Menos y se ubicaron sobre un escenario enorme, montado en la explanada de la Casa de Gobierno. Allí tomaron un micrófono y leyeron un documento con más de 22 consignas, entre las que pidieron “basta de femicidios y travesticidios, basta de violencia obstétrica, creación de refugios y aborto legal”.


En la vereda de enfrente, algunas banderas cuestionaban el alto costo de ese escenario. “Que la plata de este escenario se use para buscar a Daiana” y “el Gobierno quiere adueñarse de nuestra lucha, no transamos por un escenario”, fueron algunas de las leyendas.

“Nosotras estamos autoconvocadas, como todos los años. Hemos llamado a todas las mujeres y a los familiares de las víctimas para que vengan a expresar su repudio ante tanta violencia”, expresó Vicky Disatnik, de la Casa de las Mujeres. “Si las organizaciones consideran que tienen que usar el escenario de un Gobierno que para nada se ocupa de los problemas de las mujeres, que no puso un solo peso para la emergencia, pero puede pagar un escenario como ese con un sonido como ese, que se hagan cargo las organizaciones que lo usaron. Nosotras no; nosotras estamos con los familiares, con las víctimas y con las organizaciones sociales que nos ayudan siempre, como las compañeras de la CCC que vinieron del interior pagando sus propios boletos”, agregó.

Pese a esa disputa, Disatnik no quiso dejar de referirse a la Emergencia en Violencia Contra las Mujeres. “La bauticé ‘ley fantasma’ porque es una ley por la que hemos peleado 10 años, fue promulgada 40 días después y a seis meses de haber sido aprobada no han dado un solo paso. Por eso decimos que el Estado está en deuda con las mujeres”, remarcó.

Un enemigo en común

Las Mumalá llegaron momentos después. No subieron al escenario ni tomaron ningún micrófono, pero hicieron ruido. Las acompañaba una murga, escoltada por una multitud de mujeres: cada una cubría su rostro con una máscara blanca, llevaba un globo del mismo color y el nombre de una víctima de femicidio colgado en el pecho. En la esquina de calles 25 de Mayo y San Martín, soltaron esos globos hacia el cielo en conmemoración de esas mujeres asesinadas.

“Queremos medidas concretas que puedan garantizarles protección a las mujeres”, exigió Yanina Muñóz, su representante. Sobre la división de la marcha, sostuvo: “el reclamo detrás de todo esto es uno solo; invitamos a la sociedad a que se haga presente y que sea una marcha autoconvocada como fue cada 3 de junio hasta acá. No debemos dejar que distintos tintes políticos se metan en el medio. Hay que ponerse a la altura de las circunstancias porque esta problemática es grave y se cobra la vida de una mujer cada 26 horas. Hay que tomar medidas urgentes y dejar el divisionismo de lado”, remarcó.

Desde el colectivo Ni Una Menos, en tanto, también se refirieron a la disputa por el escenario. Aseguraron por micrófono que el equipo de audio contratado fue abonado con el dinero que lograron reunir entre sus miembros y con el aporte de la gente. “Somos una organización totalmente autofinanciada, independientes de la ayuda estatal”, aclaró Fernanda Fernández. “Siempre hubo diferencias en el movimiento de mujeres, pero tratamos de llegar a un pacto donde no se pise nuestro discurso porque todas tenemos un enemigo en común que es el patriarcado”, finalizó.