HOY
• A las 21
, en el teatro Alberdi (Jujuy y Crisóstomo Álvarez).

“Pienso hacia atrás y digo: hará unos 20 años que canto. De pronto, me doy cuenta de que son 40. ¡Qué bárbaro! Pero ha sido una vida de muchas alegrías y de sacrificios, como la de todo el mundo. No tenés que ser cantante para hacer sacrificios. En mi caso son dormir poco, cumplir horarios, no tener tiempo de descansar (porque la voz te rinde sólo cuando dormís bien). Bueno, yo en realidad no tengo problemas con la voz”.

En lugar de renegar por el paso del tiempo, es obvio que María Martha Serra Lima celebra cuatro décadas cantándole al amor, como lo hará esta noche, en el teatro Alberdi.

- ¿En todo ese tiempo cambió el mensaje romántico ideal?

- No realmente. A pesar de que soy una mujer mayor, los sentimientos los tengo igual que cuando era joven. Vivo un romanticismo casi infantil: a la edad de una quizá ya no se es romántico. Yo soy terrible: veo una película que me emociona y lloro, soy muy llorona. Todo lo romántico me llega mucho. Cuando canto estoy regalando amor. ¡Las canciones que elijo son tan bonitas, tan dulces y tan bien escogidas! Porque no se trata sólo de cantar bien. Hay que elegir bien el repertorio. Es vital. He conocido artistas que tienen una voz bárbara, pero elegían mal el repertorio.

- ¿Cómo fue en tu caso? ¿Te ayudaron a elegir las canciones?

- No pedí ayuda a nadie. Es una cosa mía. Decidí que si quería ser cantante no requeriría ayuda; sí que me ayudaran a trabajar o con los aspectos técnicos de la grabación, por ejemplo. Pensá que tampoco aprendí a cantar ni nada. Fue la casualidad la que me puso a cantar.

- ¿Cuándo tomaste la decisión de tu vida, cantar?

- Recién a los 34 años, una edad en que a veces las carreras terminan. Era profesora de guitarra, canto e inglés. Tenía alumnos desde los 17 años. Para empezar, papá no quería que trabajara en nada que no fuera en mi casa. Yo era la única mujer en una familia de hombres. Hoy mi padre, Iván Serra Lima, tendría 112 años, y mamá tenía 20 años menos. Él se casó mayor y era muy protector.

- Tu padre fue una gran influencia en tu carrera...

- Papá no quería que cantara profesionalmente. Para él cantar era un don de Dios y no había por qué cobrar por eso. Decía que era una vida difícil y sacrificada, que muy pocas veces se lograba el éxito, que hay envidias y celos... Cuando él murió, yo era joven, tenía 17 años y le hice caso. Él fue cantante de ópera. Pero no vivía de eso; tenía una agencia de autos. Cuando quiso cantar ópera, a los 20 años, la madre lo mandó a estudiar canto en serio, en Europa. Tenía una voz de barítono impresionante: cantó 10 años en el Teatro Colón como primera figura.

- Heredaste el gen del canto.

- Mis hermanos también. Todos cantamos bien. Mi hija tiene una voz divina, mi nieta también. Sí se va heredando el gusto de escuchar buena música, e influye estar en un ambiente donde se habla de canciones, de romance, de cosas lindas. Estoy muy contenta con la elección que hice porque esto me llenó la vida; llego al corazón de la gente a través de una canción. ¿Sabés cómo sueña la gente cuando suena una canción que le llega al alma? Me dicen: “la tercera canción que cantó es mi vida. Usted me la cantó para mí”.

- ¿La emoción es tu fuente de energía?

- Exacto. No es consciente, pero cuando me veo cantando sonrío, porque soy feliz cuando canto. Y mandar amor es divino, sobre todo en este mundo de materialismo y de falta de sueños. Yo soy una soñadora y todavía me enamoro, por suerte.

- ¿Cómo te preparás antes de cada show, vocalizás?

- No. Lo único que hago es cantar dos o tres canciones para colocar la voz y probar sonido, pero no necesito vocalizar (me resultaría muy aburrido). La suerte es que uno abre la boca y sale lo que quiere expresar.

- ¿Te falta hacer algo? ¿Te falta ganar algún premio?

- Tengo como 40 discos de oro y de platino en el living. Los quiero ir regalando porque desarmé mi oficina y me trajeron todos los discos de platino, de oro, séxtuple platino, el de Los Panchos... Tengo que pensar cómo hago ahora, que estoy en gira larga, por todo el país. Elegí las provincias que más me gustan, empezando por Tucumán, porque tengo sangre tucumana. (mamá siempre decía: “nosotros somos de los Paz de Tucumán”).

* * *
Después de la gira a María Martha la espera su familia -sus dos hijos y sus dos nietas- en Miami. Allá donde vive desde hace 35 años, en una casa de la que disfruta mucho, a orillas del mar.