Es uno de los mejores amigos del hombre, aunque no siempre este afecto es recíproco. Quien toma contacto con él y lo frecuenta, desarrolla una relación que seguramente lo hará viajar por el mundo de los sentidos, por geografía insospechadas, por el interior de sí mismo. “Un libro no acabará con la guerra ni podrá alimentar a cien personas, pero puede alimentar las mentes y, a veces, cambiarlas”, sostiene el escritor y cineasta Paul Auster, mientras que su colega Miguel de Cervantes Saavedra decía que no hay libro tan malo que no tenga algo bueno.
El Día Mundial del Libro y del Derecho de Autor, fue recordado el 23 de abril, fecha instituida por la Unesco en 1995 en homenaje a Miguel de Cervantes Saavedra, Shakespeare y de Garcilaso de la Vega, que fallecieron en ese día de 1616. La Conferencia General de la Unesco quiso con esta celebración alentar a todos, y en particular a los jóvenes, a descubrir el placer de la lectura y a valorar las irremplazables contribuciones de aquellos quienes han impulsado el progreso social y cultural de la humanidad. Se creó también el Premio Unesco de Literatura Infantil y Juvenil Pro de la Tolerancia.
Con bastante frecuencia se suele escuchar que la gente lee cada vez menos, en particular los niños y jóvenes. Es posible que así sea, pero también es cierto que han ido cambiando los formatos con la aparición de los libros digitales y las tablets. Y aunque hay defensores de esta nueva modalidad, una gran parte de los lectores sostiene que el libro en la mano sigue siendo irreemplazable.
Se habla también en los últimos años de una crisis de lectores. ¿Se lee cada vez menos? ¿Cada uno de los millones de libros que se publican tiene su lector? Existen programas para fomentar la lectura en los niños, pero si los adultos -padres y educadores- no dan el ejemplo estos difícilmente adquieran esta sana costumbre. Mal puede inculcar un docente el hábito de la lectura, si él no lee.
En nuestro país, la publicación de un libro está lejos del alcance de miles de escritores, porque la gran mayoría debe costeárselo. Algunos han encontrado una salida organizándose en cooperativas o apelando a un sistema de coproducción. Luego viene una etapa más compleja aún, que es la distribución y la venta. Al no existir una política de Estado en materia de publicación, enseñanza y divulgación de nuestros autores, la llegada de su producción a la comunidad es ínfima.
La editorial provincial, puesta en marcha en 2009, tendría que haber jugado en estos años un rol gravitante en la publicación de libros de autores locales, en la reedición de obras de nuestros escritores más representativos, pero no lo tuvo. Afortunadamente, el Departamento de Publicaciones de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNT está publicando nuevamente producciones locales.
Pero si no se incorpora en el sistema educativo la enseñanza de la literatura provincial, para la gran mayoría de los tucumanos sus escritores seguirán siendo desconocidos. En ese sentido, el Estado tiene un papel fundamental. Formar lectores es indispensable no sólo por el placer que implica sumergirse en un libro, sino para conocerse a sí mismo y a los demás. “No hace falta quemar libros si el mundo empieza a llenarse de gente que no lee, que no aprende, que no sabe”, decía el escritor estadounidense Ray Bradbury.