Una guerra asolaba el mundo pero la mayor cantidad de muertos no la produjo ella. La Primera Guerra Mundial estaba casi en su culminación. Corría 1918 cuando en marzo aparece el primer caso del mayor asesino biológico de la historia: la gripe española. Los datos históricos señalan que produjo la muerte de más de 50 millones de personas en todo el mundo mientras que la guerra, unos 30 millones.

Como era de esperar la enfermedad llegó a la Argentina en octubre del 18 e ingresó por el puerto de Buenos Aires. Esa primera etapa fue más bien benigna, y causó unas 2.200 muertes. Al año siguiente la mortandad alcanzaría casi los 15.000 decesos. Ambas cifras fueron muy llamativas porque en 1917 apenas habían fallecido 319 personas.

El investigador Adrián Carboneti señala en su investigación “Historia de una epidemia olvidada” que el impacto de la epidemia fue mayor en 1919 que en 1918 y fue mayor en las provincias del norte argentino. Además cuenta que la propagación de la epidemia iba de la mano del ferrocarril que era el principal medio de comunicación en aquel entonces. La tasa de mortalidad para 10.000 habitantes alcanzó en Tucumán el 1,33 para el primer año y subió a un 40,1 al siguiente. Mientras que Salta tuvo un 9,81 y un 118,68 respectivamente.

LA GACETA publica por aquellos días del invierno de 1919 que: en la ciudad como en la campaña, los casos de grippe, son numerosos. Las defunciones dan cifras extraordinarias. De distintos puntos de la campaña, solicitan con urgencia auxilios médicos. Hacia fines de mayo la enfermedad ataca el Cuerpo de Bomberos donde se detectaron 10 casos y hubo un fallecido. Las noticias anunciaban lo que iba ocurriendo día a día en las distintas ciudades del interior. Una de las zonas más afectadas fue Santa Ana, donde los primeros 15 días de mayo han ocurrido 96 defunciones mientras que en los meses previos había un promedio de 14 al mes. El diario en varias oportunidades criticó el accionar poco diligente de las autoridades ante el desarrollo de la enfermedad. Se hacían recomendaciones para evitar los grandes conglomerados de público en lugares cerrados. Pero también se destacaba el accionar del personal de la Asistencia Pública que durante el mes de junio de 1919 desinfectó más de 300 ranchos y viviendas. Y agregaba: es de desear, en bien de la salud pública, que la obra no se detenga, que sea completa, librando a aquellos barrios de los diversos factores de enfermedades y en donde últimamente, la grippe, hizo centenares de víctimas. Diariamente se enviaban guardias sanitarios a las poblaciones del interior provistos de medicamentos para la atención de los enfermos.

Los establecimientos escolares cerraron sus puertas por recomendación de las autoridades sanitarias para evitar la propagación de la enfermedad.

Hasta los políticos de la época se aprovecharon de la enfermedad para evitar dar quórum en las sesiones legislativas, un ardid político muy criticado por nuestros cronistas conocedores de los entuertos del poder de aquellos tiempos.

Cambio de nombre

Algunos estudiosos señalan que el uso de la palabra “grippe” habría servido por parte de la prensa como una forma de diferenciarla de la gripe común y hasta “Caras y caretas” la nominó como “influenza de los campamentos”, “influenza española” o “grippe infecciosa”.

La enfermedad de 1918 se relaciona con la epidemia de Gripe A de 2009. Todavía están frescas las imágenes cuando la epidemia de gripe H1N1 -la cepa era similar a la de 1918- causó pavor a nivel mundial, nacional y la provincia no fue una excepción. Los muertos alcanzaron a 626, bastante menos que casi un siglo atrás.

Contra los artistas

La enfermedad que devastó el mundo generó un hilo conductor entre figuras del arte, la pintura, la arquitectura, la política y la literatura entre otras. Artistas como Gustav Klimt, Egon Schiele, Amedel Modigliani o el portugués Amadeo de Souza Cardozo murieron debido a ella. Los escritores Guillaume Apolinaire o Edmond Rostand (creador de Cyrano de Bergerac) también sucumbieron por ella. El arquitecto austríaco Otto Wagner, artífice de la Viena moderna, fue otra de las víctimas. Los hermanos Francisco y Jacinta Marto, a quienes se les apareció la Virgen de Fátima murieron de “grippe”. El campo político también generó sus víctimas, como el filósofo alemán Max Weber, el príncipe de Suecia Erik o el líder bolchevique Yakov Sverdlov.

La epidemia también dejó sus sobrevivientes. Entre ellos se destacan el noruego Edvard Munch, el autor de “El Grito” o Walt Disney que apenas tenía 17 años. El presidente norteamericano durante la Primera Guerra, Woodrow Wilson, también superó la enfermedad.

En 1918

Se desinfectaban los edificios públicos y se colocaban carteles en los que se pedía no dar la mano. Una medida profiláctica, junto con el lavado de manos, que sigue siendo beneficiosa para detener los contagios.

En aquellos años hasta los buques que llegaban desde Europa eran mantenidos en cuarentena y no se permitía el descenso de los pasajeros hasta tanto no se determine su estado de salud. Aquellos que tenían algún síntoma eran derivados hasta la isla Martín García para su tratamiento y recuperación.

Nuestras páginas reflejaban en los inicios de octubre de 1918 los primeros informes de la llegada al país de la famosa grippe española y la alarma producida en Buenos Aires. Se anunciaba que el Departamento de Higiene solicitó, y el presidente Hipólito Yrigoyen -que estaba muy preocupado por la epidemia- determinó, que se declaren infectadas las procedencias de los puertos portugueses, españoles y franceses.

Las autoridades sanitarias procuran calmar la alarma. Pero la impresión general es que la epidemia realmente existe, debiendo adoptarse precauciones sin tardanza para evitar mayor difusión, relataba una de las crónicas.

Discriminar si la enfermedad era importada o autóctona resultaba difícil. En este sentido La Razón señalaba: “sea o no endémica por el producto de la casualidad o por el medio ambiente el hecho indiscutible es que son muchísimos los enfermos que existen en toda la capital atacados de grippe. Sea española o criolla la enfermedad existe y este hecho lo ratifica cualquier médico que tenga pacientes en los barrios suburbanos”. Además indicaba: “ningún facultativo atribuye gravedad al mal y por ahora tampoco creen que se trate de la influenza española pero puede fácilmente evolucionar al menor contacto con la que nos llega de afuera”. Día a día nuestro diario informaba de lo que ocurría en la metrópolis.

Las autoridades prohibieron las reuniones masivas y se impidió la concurrencia a los cementerios en el Día de los Muertos de 1918. La epidemia tuvo una fuerte implicancia en Buenos Aires y en el centro del país pero su presencia fue más débil en el norte, que sí fue la región más afectada al año siguiente.

SIGNADOS POR LA TRAGEDIA
GUSTAV KLIMT. Nació en Baumgarten en 1862 y murió a causa de las complicaciones producidas por la gripe en febrero de 1918. Fue un pintor simbolista austríaco y uno de los representantes del movimiento modernista de la secesión vienesa. Pintó lienzos y murales con muchas ornamentaciones. 
EGON SCHIELE. Pintor austríaco nacido en 1890 que murió en Viena en 1918 con apenas 28 años. Fue uno de los grandes artistas figurativos de principios del siglo XX y del expresionismo austríaco. Fue también grabador. Además de discípulo de Klimt. 
EDVARD MUNCH. Fue un pintor noruego nacido en 1863 y fallecido en 1944. Sus obras, con una fuerte impronta de la angustia, tal como El Grito, influyeron en el expresionismo germano en los inicios del siglo XX.

SIGNADOS POR LA TRAGEDIA

GUSTAV KLIMT. Nació en Baumgarten en 1862 y murió a causa de las complicaciones producidas por la gripe en febrero de 1918. Fue un pintor simbolista austríaco y uno de los representantes del movimiento modernista de la secesión vienesa. Pintó lienzos y murales con muchas ornamentaciones. 

EGON SCHIELE. Pintor austríaco nacido en 1890 que murió en Viena en 1918 con apenas 28 años. Fue uno de los grandes artistas figurativos de principios del siglo XX y del expresionismo austríaco. Fue también grabador. Además de discípulo de Klimt. 

EDVARD MUNCH. Fue un pintor noruego nacido en 1863 y fallecido en 1944. Sus obras, con una fuerte impronta de la angustia, tal como El Grito, influyeron en el expresionismo germano en los inicios del siglo XX.