Dos grafitis escritos en rojo en una pared de azulejos -“El que pasa por aquí va a morir”, “Love and war”-; un aparato de medición de laboratorio de bioqúimica herrumbrado; biblioratos con expedientes datados en los años 70; un pupitre de madera y varias máquinas de escribir marca Olivetti indican que por ahí pasaron una vez estudiantes de alguna carrera científica; y que hubo, también, una sede administrativa de alguna repartición. Un cartel de chapa enlozada acerca la respuesta: en el tercer piso del viejo hospital Zenón Santillán, al que se llega por una escalera polvorienta, y en cuya planta baja está desde 1999 la “Escuela de la Patria”, funcionaron en los años 80 del siglo pasado algunas cátedras de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional de Tucumán (UNT). En ese rincón de Tucumán, la Historia parece una cebolla que se lee en sucesivas capas: la Escuela de la Patria “Manuel Belgrano”, producto todavía inconcluso del legado belgraniano del siglo XIX; los restos del hospital “de Mujeres” (luego “Zenón Santillán”) y la memoria de universitarios que en las últimas décadas del siglo XX transitaron esos recodos hoy casi fantasmales.
Y el siglo XXI llega ahora para reandar todo ese pasado con una muestra temporaria en la que han trabajado docentes y alumnos de la Escuela de la Patria y un equipo interdisciplinario del Ministerio de Educación de la Provincia, en el marco del proyecto de “Museos Pedagógicos Escolares”. En un espacio recuperado del viejo hospital, en el que ayer se trabajaba contrarreloj y donde funcionarán la biblioteca y Museo “Campo de las Carreras” y el “jardín de lecturas” de la escuela, el equipo mostrará hoy, entre las 18 y las 22, el fruto de meses de trabajo: recrearán el tiempo de la última dictadura militar en una muestra que incluye objetos y documentos hallados en el lugar y muchos otros que trajeron los alumnos de sus casas. Después, una vez levantada la muestra, el espacio quedará para desarrollar el “museo- biblioteca” , entre otros espacios culturales y de entretenimiento.
La directora de la Escuela, Eugenia Ancajima Dulor, la profesora Cecilia Moya y Javier Kirschbaum (Ministerio de Educación), explican que decidieron arrancar con ese tema porque todavía estaba fresco el trabajo del Mes de la Memoria. El “Museo” contará los años de la dictadura a través de la música (un par de Wincos y una radio Tonomac preanuncian que así será); de los juegos de época, de los libros que fueron censurados; de lo que se estudiaba entonces; del Mundial del 78, entre otros hitos que permiten “releer” esos años negros. No obstante, el montaje también contempla un recorrido por la huella belgraniana, que en parte está inscripta en placas en las paredes: en fotos e imágenes de la escuela, en el texto de marzo de 1813 en el que Belgrano informaba su decisión de donar fondos para cuatro escuelas de la región, en la carta del Cabildo aceptando la donación, en la imagen de la Virgen Generala y en la placa inaugural del establecimiento, en 1999.
En la víspera de la muestra, chicas y chicos de 4° año quinta división no ocultan los nervios del tiempo de preestreno. “Yo estuve averiguando sobre la vida de Isauro Arancibia”, cuenta Nicolás Longo; y se le suma Augusto Espeche, que plancha con la mano el traje que usará hoy en su caracterización del emblemático dirigente docente. “Nosotras decidimos comparar las nuevas y las viejas tecnologías, y armamos un diálogo -en viñetas- entre un celular y una cámara de los años 70”, cuentan Rocío y Milagros. Y coinciden en que le encontraron “más misterio” a la cámara vieja. Agustina Di Marco y otras compañeras eligieron armar una cartelera de comentarios “para que eso les sirva de referencia para mejorar, en un futuro”, y abrieron una cuenta de Facebook, aunque también usaron las viejas Olivetti en su estrategia de comunicación. Juan Gabriel Ruiz aporta la infaltable pata deportiva de la época: el Mundial del 78. “Sabemos que con eso quisieron tapar lo malo que se hizo durante la dictadura. Vamos a colgar material gráfico de la época, y la formación del Seleccionado del 78, dónde se jugaron los partidos y los resultados”, anticipa Gabriel, que contó con la colaboración de su papá, que es futbolista. La charla con LA GACETA llega a su fin. Y se les pregunta si les gustan los museos: se escucha un sí unánime. Resume Augusto: “Nos gustan porque, en parte, nos permiten encontrarnos con cosas que ya no están”.
Un legado en construcción
La polémica historia de la Escuela de la Patria es un proceso todavía en construcción, que arrancó en 1813, con la decisión de Manuel Belgrano de donar $ 50.000 oro para la construcción del establecimiento. Recién en 1999 se inauguró el establecimiento (que antes era la escuela 12 de Octubre) en el predio de Lavalle y La Rioja.
“Hasta ahora, sólo se inauguró una primera etapa, en la que hay aulas. Pero faltan más aulas; y laboratorios, biblioteca, patio cubierto, patio de lectura, entre otros proyectos necesarios para una comunidad de 1.700 alumnos (sólo secundaria, en dos turnos) y 300 docentes”, subrayó la directora del establecimiento, Eugenia Ancajima Dulor. La directiva le dijo a LA GACETA que la comunidad educativa de la Escuela de la Patria tiene un proyecto ya esbozado. Y que se lo han hecho llegar a los responsables del Plan Belgrano, al Ministerio de Desarrollo Social de la Nación y a Construcciones Escolares. Se verá quién salda esa deuda más que centenaria con Manuel Belgrano.
> PUNTO DE VISTA
El Museo y la Escuela
Equipo del área educativa del museo Timoteo Navarro
La relación del Museo con la escuela avanzó bastante con el correr de los años; las escuelas se van acercando cada vez más (por año nos visitan alrededor de 150 establecimientos). Y esta es una relación dinámica en la que el enfoque al aprendizaje está dado desde la educación no formal, que se enriquece a través de las experiencias participativas, con la intención de fomentar la creatividad y la sensibilidad de los chicos, usando en muchos casos el espacio artístico como soporte que permite la utilización de otras herramientas. Observamos que esta participación ha generado nuevos vínculos con la comunidad. Por ejemplo, hay muchos alumnos que vuelven a visitar el museo con su familia y amigos. Es un proceso en construcción...