“La voz no es sólo la función de cualquier estructura anatómica (...) sino la expresión de ese algo misterioso llamado la personalidad. El número de teorías y afirmaciones conflictivas acerca de su producción nos lleva a probar que la respuesta para este misterio no puede reposar en blanco o negro y no puede ser encerrada en una serie de reglas. El misterio de la voz forma parte del misterio de la vida”. Alfred Wolfson (1896-1962)

Mucho antes de escribir esta frase, el alemán Alfred Wolfson, combatiente en la Primera Guerra Mundial, sufrió alucinaciones auditivas: lo torturaban los gritos -ya extinguidos- de sus compañeros moribundos. El tratamiento psiquiátrico no pudo curarlo; sin embargo, lo logró la vocalización de sonidos extremos. Contaba que después de ser dado de alta se sentía como si hubiera estado muerto por muchos años, pero que había vuelto a la vida cuando comenzó a cantar

Así de poderosa es la voz humana. Que puede ser enriquecida con palabras, sí, pero que por sí sola “da cuenta de quién es y qué le pasa a quien le emite”, sostiene Silvia Quírico, actriz, cantante y responsable de las cátedras de Técnica Vocal II y III de la carrera de Teatro de la UNT.

“La voz ‘delata’ lo orgánico y lo emocional, pero también lo cultural y hasta la geografía, que aparece en la tonada”, apunta Quírico, y abre las puertas para reflexionar acerca de “eso que nos hace humanos” en el Día de la Voz, que desde 1999 se celebra el 16 de abril. En ese tiempo, el brasileño Nedio Steffen, presidente de la Sociedad Brasileña de Laringología y Voz, comprobó que quienes padecían disfonías solían pensar que eso era lo normal, o lo atribuían a una característica natural de su voz, y organizó una campaña para transmitir la importancia de prevenir las patologías de la voz (que en los casos más graves pueden ser señal de un cáncer de laringe).

“La voz sufre lo que nos está pasando”, advierte Quírico y resalta que no hay que ponerla en riesgo. “En caso de disfonía, hacer silencio es la primera indicación y no sólo cuando hay razones orgánicas: cuando las emociones se desbordan en la voz, es fundamental recuperar el control -añade- . Y la ayuda más eficiente y más rápida es la respiración: pausada y profunda, hasta relajar”.

Precauciones

“La disfonía o alguna alteración al respirar o al tragar pueden ser señales de desórdenes en el tracto vocal. Si algunos de estos síntomas persisten por más de 15 días, consultar al laringólogo”. Esta es la primera recomendación de la Sociedad Argentina de la Voz (SAV), que advierte también sobre dos patologías que pueden causar daños a las cuerdas vocales: las obstrucciones nasales crónicas, que obligan a respirar por la boca, y ciertos problemas digestivos, como el reflujo gástrico.

“Todos debemos prestar atención a la salud de la voz -advierte la fonoaudióloga Silvia Rivadeneira, titular de la cátedra de Foniatría de la carrera de Locución, en la Unsta, y miembro de la SAV- pero aquellos para los que la voz es ‘el’ instrumento de trabajo deben ser especialmente cuidadosos. Y de ellos, los más numerosos y los más desprotegidos son los docentes”.

Se refiere al hecho de que en la formación docente no está previsto un entrenamiento de la voz (ver “Muchos docentes trabajan...”).

“La voz no es una función; es un comportamiento -añade Rivadeneira- y como tal se aprende, básicamente por imitación”. Por eso es tan importante “predicar con el ejemplo” y generar en las familias y en las aulas ambientes sonoros sanos.

“La tendencia muestra que en ambientes familiares gritones los adultos suelen ser disfónicos, y los niños imitan dos cosas: la voz ronca... y los gritos”, describe, y recomienda generar en la familia ambientes sonoros saludables: mantener bajo el volumen de la TV o de la música (especialmente cuando la familia está reunida, alrededor de la mesa, por ejemplo); no llamarse unos a otros a los gritos dentro de la casa; aprender a hablar en voz media y sin apuro, relajadamente...

“La costumbre de usar auriculares no ayuda: se aíslan unos de otros, y eso favorece el grito”, añade.

“Muchos docentes trabajan en ambientes sonoros insalubres”
Desde hace 30 años, cuando Alejandra Sánchez  habla de sus niños se le ilumina el rostro. Esos niños no son ni sus hijos, ya adultos, ni sus nietos (que, por supuesto, también le llenan los ojos de alegría). Son los alumnos de sus salas de jardín de infantes.  
Aunque ha inventado algunas estrategias -porque además de haber trabajado mucho tiempo doble turno, ella ama cantar-, Alejandra es una de tantas maestras que se reciben sin que nadie les haya enseñado a usar su voz profesionalmente. 
“Y es un problema grave. Llegan al consultorio muy angustiados cuando la voz falla; recién toman conciencia de la necesidad de entrenarla”, destaca la fonoaudióloga Silvia Rivadeneira y lanza las primeras recomendaciones:  “no hablar sobre el ruido de fondo y, en los tiempos de descanso, dejar descansar la voz”. 
Coincide con ella la actriz y docente Silvia Quírico: “en el aula el espacio acústico suele no ser bueno; obliga al docente a emitir por sobre las emisiones de los chicos, que suelen ser agudas, y  que rebotan contra paredes desnudas, generando mucho ruido ambiente. La solución: generar silencio, espacio de escucha por parte del adulto (no olvidemos que la escucha nutre), y al retomar el sonido, hacerlo en tonos medios y sin gritar, con serenidad en la emisión”. 
“Para bajar los niveles de ruido en el aula -que también implican altos niveles de excitación- es una gran ayuda dedicar la primera parte de la clase a ejercicios de trabajo corporal que liberen tensiones, primero, y después de relajación, con ánimo lúdico. Y no olvidar que los niños aprenden a hablar por imitación. Que en la voz del docente no haya tensión, ayudará a que no la haya en la de los chicos” , destaca Rivadeneira. 
En los jardines de Alejandra, eso se consigue jugando y cantando. “Las técnicas de estiramiento y relajación que aprendí como coreuta ayudan mucho. Les canto, a su ritmo, y eso sirve tanto para entrar en actividad como para relajarse, siempre regulando el volumen. También uso carteles, o pictogramas. Los escucho y ellos aprender también a escuchar, y a hablar por turnos, sin interrumpirse”, cuenta.

“Muchos docentes trabajan en ambientes sonoros insalubres”

Desde hace 30 años, cuando Alejandra Sánchez  habla de sus niños se le ilumina el rostro. Esos niños no son ni sus hijos, ya adultos, ni sus nietos (que, por supuesto, también le llenan los ojos de alegría). Son los alumnos de sus salas de jardín de infantes.  
Aunque ha inventado algunas estrategias -porque además de haber trabajado mucho tiempo doble turno, ella ama cantar-, Alejandra es una de tantas maestras que se reciben sin que nadie les haya enseñado a usar su voz profesionalmente. 

“Y es un problema grave. Llegan al consultorio muy angustiados cuando la voz falla; recién toman conciencia de la necesidad de entrenarla”, destaca la fonoaudióloga Silvia Rivadeneira y lanza las primeras recomendaciones:  “no hablar sobre el ruido de fondo y, en los tiempos de descanso, dejar descansar la voz”. 

Coincide con ella la actriz y docente Silvia Quírico: “en el aula el espacio acústico suele no ser bueno; obliga al docente a emitir por sobre las emisiones de los chicos, que suelen ser agudas, y  que rebotan contra paredes desnudas, generando mucho ruido ambiente. La solución: generar silencio, espacio de escucha por parte del adulto (no olvidemos que la escucha nutre), y al retomar el sonido, hacerlo en tonos medios y sin gritar, con serenidad en la emisión”. 

“Para bajar los niveles de ruido en el aula -que también implican altos niveles de excitación- es una gran ayuda dedicar la primera parte de la clase a ejercicios de trabajo corporal que liberen tensiones, primero, y después de relajación, con ánimo lúdico. Y no olvidar que los niños aprenden a hablar por imitación. Que en la voz del docente no haya tensión, ayudará a que no la haya en la de los chicos” , destaca Rivadeneira. 

En los jardines de Alejandra, eso se consigue jugando y cantando. “Las técnicas de estiramiento y relajación que aprendí como coreuta ayudan mucho. Les canto, a su ritmo, y eso sirve tanto para entrar en actividad como para relajarse, siempre regulando el volumen. También uso carteles, o pictogramas. Los escucho y ellos aprender también a escuchar, y a hablar por turnos, sin interrumpirse”, cuenta.