Fue tapa de la revista “El Gráfico” en una época donde lo consideraban el mejor atleta del país. Fue el único tucumano de pista y campo que compitió en dos Juegos Olímpicos: México 68 y Alemania 72. Además, participó en cuatro Juegos panamericanos. En la actualidad, José Alberto Vallejo tiene 74 años pero sus recuerdos siguen intactos y los revive como si fuera ayer.
El mejor lanzador de martillo durante casi dos décadas a nivel nacional y sudamericano está alejado del atletismo. Vallejo repasó con LG Deportiva los momentos vividos durante su extensa trayectoria en el atletismo.
- ¿A qué edad comenzó con la práctica del atletismo?
-Aproximadamente a los 16 años. En ese entonces estaba dotado de una contextura física muy grande. Tenía mucha potencia y me destacaba en cualquier deporte. Hacía salto en largo en una acequia con mis amigos y ganaba siempre. Un día me fui a probar en la Escuela de Educación Física (ahora Facdef). Mis lanzamientos de disco salían para arriba y siempre caían en el mismo lugar. Todos se reían. Pero a la semana, voló el disco y fui récord tucumano, después voló la jabalina y quebré otro récord. Lo mismo sucedió con la bala y el martillo. En los 100 metros llegué a la marca de 11”01. Era muy veloz. Luego me convocaron a un Sudamericano y fui campeón Juvenil.
- ¿Cómo eran los entrenamientos durante la semana?
- Me entrenaba a las cuatro de la mañana en el parque 9 de Julio para aprovechar el tiempo que me quedaba libre porque trabajaba y estudiaba. De ahí me iba a trabajar en casa de Gobierno. Ese trabajo se lo debo al deporte.
- ¿Cómo vivió el momento al enterarse que iba a competir en las Juegos Olímpicos de México 68?
- La máxima aspiración de un deportista amateur es llegar a ser olímpico. En múltiples oportunidades había batido el récord en martillo. En México 68 no me habían convocado para integrar el equipo argentino pero recibí una invitación y con el apoyo del gobierno peronista pude viajar. Fue un momento inolvidable. Sentí que tocaba el cielo con las manos. Lo recuerdo como si fuera ayer.
El peor instante
- En septiembre de 1972, 11 miembros de la delegación israelí y un oficial de policía alemán murieron en la Villa Olímpica, donde estaba usted, por el conflicto entre palestinos e israelíes. ¿Sintió miedo?
- Me acuerdo que para sacarnos de la Villa nos llevaban en un auto con custodios armados. No sentí miedo. Incluso saqué fotos a los encapuchados. Ellos pedían un helicóptero para trasladar a los atletas judíos a quienes llevaban como rehenes. Fue un momento terrible, pero sinceramente no tuve miedo.
- ¿En esa época de los Juegos y dentro de la Villa, tenía algún ídolo o referente del atletismo?
- El lanzador de martillo Harold Connolly, que consiguió una marca de 70 metros. En ese entonces yo estaba cerca del récord mundial con 60 metros. Él fue mi ídolo.
- ¿Está al tanto de lo que pasa en el atletismo tucumano?
- Hay una honorable persona que es muy trabajadora pero lamentablemente recibe poco apoyo para engrandecer al atletismo tucumano. Me refiero a Guillermo Rubino, presidente de la Federación, gran amigo y mejor persona. Pienso que no recibe la ayuda necesaria por parte del Gobierno. Es una vergüenza que tengamos que decir “José Alberto Vallejo es el único atleta olímpico en el atletismo tucumano”. Esta provincia tiene muy buenos atletas.
- Los dirigentes buscan el apoyo del Gobierno para que esta disciplina cuente con una pista sintética, pero aun no obtuvieron respuesta. ¿Qué opina al respecto?
- A la Federación le hace falta un apoyo incondicional para crecer. Sin la pista sintética no será posible crecer. En nuestra provincia se iba a realizar una obra ideal para el atleta y quedó en la nada: un complejo de alto rendimiento que se iba a construir en el parque Guillermina. ¿Qué pasó? Nada.
-¿Qué consejos le daría a un chico o a un joven que quiera incursionar en el atletismo?
- Que se prepare duro para intentar dar lo máximo de su rendimiento cada vez que represente a su provincia. El atletismo enseña a superarse en todos los aspectos de la vida. Si pierde, que tenga en cuenta que no perdió una guerra sino una batalla y que busque superarse para ganar las que vendrán más adelante.
- ¿Qué le dejó el atletismo?
- La hermosa familia que tengo. En el atletismo conocí a mi esposa, Teresa Inés Ponce, una extraordinaria mujer que me dio cuatro hermosos hijos: Silvina, Ana María, Franco Alejandro y José Alberto (h). Luego nacieron mis seis nietos y cinco bisnietos. También, el haber tenido la suerte de cosechar amigos en mi carrera. El atletismo me enseñó a ser feliz con o sin dinero. Eso es impagable.