“La víctima me dijo que los asaltantes estaban nerviosos y ansiosos. No tengo dudas de que estaban buscando plata para drogarse”, dijo Mario Medina, quien estuvo en el lugar donde fue asesinado Juan Marcelo Gallardo al intentar evitar que asaltaran a un hombre. “Esa persona, después de entregarle la billetera, le pidió que le devolviera el documento. Y el ladrón se lo entregó sin problemas. No es común que un delincuente haga algo así”, dijo el testigo
Los investigadores coinciden con la apreciación de esa persona y agregan que tanto el detenido, como el prófugo, tenían problemas de adicción. “Se puede decir que la droga es el denominador común en los homicidios que me tocó investigar”, aseguró la fiscala Adriana Reinoso Cuello.
Las estadísticas aportan números para comprender el fenómeno. En lo que va del año, se produjeron alrededor de 40 homicidios, de los cuales, 18 estuvieron vinculados a cuestiones de drogas. “En las causas que me tocó investigar los móviles habían sido porque estaba robando para drogarse, por peleas que se originan por las sustancias que están por consumir y también están los casos de muerte por las peleas entre bandas”, agregó Reinoso Cuello.
El fiscal Diego López Ávila aseguró que los números no son descabellados. “Hemos notado que muchos de los acusados actuaron en momentos en los que no tenían ningún tipo de frenos inhibitorios. Y en esa situación el consumo de las adicciones tienen mucho que ver”, comentó en una charla con LA GACETA.
El investigador insiste que el incremento en el nivel de la violencia no responde a un solo sector. “Ya no es sólo de una clase social, sino que pertenece a todas. También es cierto que en la Justicia no estamos detectando los posibles focos de conflicto. Actuamos tarde, cuando el delito está consumado”, indicó.
El ministro fiscal, Edmundo Jiménez, dijo que “ha sido alarmante la violencia y la cantidad de homicidios que se registraron en los últimos días. La violencia es tremenda. Esto responde también a un sistema que empieza por la Policía, por el control de los delitos. Actuamos cuando el delito está cometido, pero tampoco llevamos un control de algunos conflictos. Por eso hay que avanzar con la implementación del nuevo Código de procedimientos y con la ley de independencia del Ministerio Público que nos permitirá crear más fiscalías”, indicó.
Abogados penalistas consultados por LA GACETA también opinaron al respecto. “La crisis se empieza a sentir en todos los sectores de la sociedad. Ayer a la noche llegaron dos tipos desesperados e histéricos a robarle plata a mi hija. Evidentemente se necesita dinero para la satisfacción de necesidades básicas, pero también para la compra de sustancias”, comentó Cergio Morfil.
Juan Carlos Nacul agregó: “No hay una razón especial. La escalada de violencia se viene dando progresivamente en todo el país y es producto de la deserción del Estado. Si hablamos de menores, en Argentina no nos ponemos de acuerdo. La solución no es subir o bajar la edad de imputabilidad. Hay que ver qué les está pasando, cuáles son las razones que los llevan a delinquir, por qué no están en la escuela o jugando. Y el primer condenado va a ser el Estado”.
“Y el problema de la violencia mucho tiene que ver con la droga. No es fácil que un tipo racional, que no está drogado, mate a otro. Acá te meten el tiro y después se fijan qué te van a robar. Esas mentes no están normales, están afectadas”, agregó.
"Hemos notado que se enceguecen"
“Hay una anécdota que puede explicarlo. En uno de los barrios una vez nos pusimos a hablar con jóvenes que roban. Ellos decían que, antes de delinquir, hacen una especie de planificación y que eso los diferenciaba de los ‘piperos’ (así llaman a los adictos al ‘paco’). Estos últimos van sin medir las consecuencias, a veces a matar o morir. Hemos notado que se enceguecen”, explicó el psicólogo Emilio Mustafá, quien trabaja en cinco zonas de la periferia rescatando a chicos adictos.
Para el entrevistado, la violencia de estas situaciones radica en la desesperación. “El efecto dura de cinco a ocho minutos, y un adicto puede consumir de 80 a 130 dosis por día. Después de la euforia pasan a la disforia, una etapa de depresión, en la que viven una angustia de muerte. Pero el cuerpo les empieza a pedir más porque tienen una dependencia orgánica y psicológica. Cuando no tienen para la siguiente dosis, entran en desesperación. Cuando están en una etapa de abstinencia sienten ansiedad, transpiran, están irascibles; sienten la necesidad de consumir”, aclaró.
Para colmo, esta situación se está agravando. “Antes, los chicos comenzaban a consumir a los 15 años. Ahora, la edad promedio es de 10. Nos parece atroz y nos preocupa. Estos son los hijos de la crisis que se vivió en el comienzo del siglo. Sabemos que es difícil para alguien que sufrió un robo verlos como víctimas, pero lo son. Son la carne de cañón de los transas, que les pagan con papeles cuando les llevan un celular y los que les entregan un arma. Los chicos no nacen con pistolas. Y si uno logra recuperarlos, vuelven a una pieza donde duermen 17, sin agua y sin posibilidades de trabajar”, declaró.
En cuanto a comparaciones, Mustafá señaló que los estupefacientes son un problema mundial, pero añadió que Argentina debe tomar medidas urgentes. “Si no, tendremos un país muy parecido a México. Estamos hablando de lo que les espera a las próximas generaciones”, dijo.