Ulrike von Leszczynski
Dpa
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Dorothea Möller llevaba más de dos años almacenando páginas web sobre consejos para divorciarse. Y un invierno no pudo más. Su marido pagaba un alquiler altísimo por su despacho de abogado, pero no iba. “En tres meses perdió casi 10 kilos, se levantaba a las cuatro de la mañana y rechazaba cualquier pregunta o contacto físico”, recuerda esta berlinesa de 52 años.

El día que él dijo que preferiría tirarse a las vías del subte, Dorothea (nombre ficticio) lo acompañó al médico y dijo que sospechaba que su esposo sufría una depresión. “Espere tres meses y mejorará. El mal tiempo nubla la mente a todos”, fue la respuesta. Y, para el peor de los casos, les dio el teléfono de una psicóloga.

Pasó el tiempo y nada mejoró. El médico sospechó falta de oxígeno durante el sueño y, tras 10 sesiones, la psicóloga dedujo que no era problema con el trabajo, sino sentimental. Para entonces, Dorothea se había ido de casa. “Echaba de menos todo lo que implica una relación de pareja y me sentía abandonada”, afirma. Cada vez que le planteaba hablar, él contestaba “estoy deprimido”. Pasó un año hasta que, por voluntad propia, buscó ayuda de un psiquiatra que diagnosticó depresión en grado medio-grave. Entre tanto, ya estaba arruinado.

Este caso es uno de los muchos por los que la Organización Mundial de la Salud (OMS) dedicó este año su Día Mundial a las depresiones. “Hablemos de la depresión”, dice el lema de la campaña con la que busca que se reduzca la estigmatización de los afectados y que estos no tengan miedo a pedir ayuda.

Sufrir que aumenta

Las cifras hablan por sí solas. Los trastornos depresivos afectan a más de 300 millones de personas en el mundo, según la OMS; esto supone un aumento de casi el 18% entre 2005 y 2015.

Para 2020, las depresiones podrían ser la segunda enfermedad más frecuente, y las posibilidades de sufrirlas han aumentado de un 11 a un 15%.

Por lo general la depresión afecta más a las mujeres que a los hombres, pero estas suelen buscar ayuda más rápido que ellos.

Si el diagnóstico es temprano, la enfermedad es normalmente fácil de abordar con tratamientos psicoterapéuticos, farmacológicos o una combinación de ambos. El problema, según la OMS, es que como consecuencia de la estigmatización sólo la mitad de estos enfermos -incluso en los países industrializados- busca ayuda.

Señales de alerta

Suele comenzar con pérdida de rendimiento laboral, apatía y trastornos del sueño. Después llegan la falta de interés, la incapacidad de tomar decisiones y el alejamiento del entorno social. Algunos afectados sienten indiferencia; otros se sumen en una profunda tristeza. Muchos están intranquilos, arrastrados por miedos y desesperanza.

En el peor de los casos, puede llevar al suicidio, que ya es la segunda causa de muerte entre las personas de 15 a 29 años. En total, unas 800.000 personas se quitan la vida cada año por no tratarse una depresión.

Dorothea Möller continúa intentando entender la enfermedad de su marido. Ha leído decenas de libros al respecto y ha hablado con otros afectados. Ahora, evita la presión y los cambios repentinos a la vez que trata de cultivar la paciencia.

“Los antidepresivos lo han equilibrado”, afirma. Su marido pudo volver a trabajar, pero un máximo de media jornada y sin despacho propio. “Llama a la depresión fase de debilidad - cuenta ella-. Hasta que no cambie, no regresaré con él”.

> Psicóloga                                                                                                                                                      Buscar las causas

Ana Pérez, del Hospital Germani, advirtió que suele darse “cierta dificultad para sentir el sufrimiento y querer aplacarlo con una pastilla”, y que si sólo se medica se aplaca el sufrimiento sin llegar a la causa. “Muchas veces se abandona el tratamiento y sólo se toman remedios hasta que no se  aguanta más, porque lo que originó la depresión sigue estando”, resaltó.

 

> Diagnóstico                                                                                                                                        Atención, médicos

“Se debe tener presente la depresión como subyacente ante quejas físicas variadas y difusas, y hay que ejercitar la habilidad diagnóstica en esa área. El clínico puede encontrar depresión si piensa en ella. Si no, pasará subdiagnosticada”, advirtió a los médicos Nora Taubenslag, del área de Salud Mental del Hospital de Clínicas de Buenos Aires.