Cuando dos partes entran en pugna, suele haber terceros que padecen las consecuencias de la disputa. Si un sector de trabajadores corta una ruta para protestar y difundir su problema, está perjudicando a terceros que no pueden pasar con sus vehículos. Si el objetivo es buscar la solidaridad de estos, logran, por lo general, el efecto contrario, porque seguramente las personas damnificadas por la medida de fuerza llegarán tarde a su destino para cumplir con sus compromisos.

Desde hace varios años, al iniciar su ciclo lectivo de la Universidad Nacional de Tucumán o próximo a este, docentes e investigadores afiliados a Adiunt realizan huelgas, principalmente, por motivos salariales. Ayer concluyó una medida de fuerza de tres días, convocada por la Conadu Histórica, a la cual se plegaron también educadores preuniversitarios de las Escuelas Experimentales. La oferta del Gobierno fue de un 18% en cuatro cuotas de 4,5% cada una; los educadores piden un incremento salarial del 35%. Estos solicitan además la plena vigencia del Convenio Colectivo de Trabajo y un mayor presupuesto para la educación universitaria.

La Federación Universitaria de Tucumán (FUT) puso en duda la efectividad del reclamo. “¿Qué tan efectiva son estas medidas de fuerza? ¿Se han hecho más aulas? ¿Se ha incrementado el presupuesto de la UNT? ¿Los salarios docentes se han dignificado? Me arriesgo a decir que la realidad de la UNT no se ha visto modificada en ningún sentido de bien”, señaló en una carta el titular de la FUT, que representa a todos los estudiantes de casa de altos estudios. Adiunt había publicado el lunes una carta abierta en la que les pedía a los alumnos que entendieran y acompañaran el nuevo cese de actividades de tres días.

El dirigente dijo que en los últimos dos paros se cayeron mesas de exámenes finales. Explicó que aprobar en esa mesa de marzo puede significar para un alumno sumar una materia más y aspirar a una beca, salvar el año académico o avanzar con el cursado de una correlativa. “Llamamos a que recapaciten y revean la postura”, afirmó el presidente de la FUT y pidió la reprogramación de las mesas perdidas. Hizo referencia al paro por tiempo indeterminado de 2014 (fueron más de 80 días de inactividad), luego del cual muchos estudiantes del interior y de otras provincias abandonaron la universidad. “Entendemos el reclamo y queremos que cobren más, pero nos perjudica a los casi 75.000 estudiantes de la UNT”, manifestó. En las Escuelas Experimentales sólo hubo tres días de clase desde el 13 del corriente, cuando comenzó el ciclo lectivo.

Nadie pone en duda la validez de los reclamos universitarios, pero se deberían buscar otras modalidades de protesta, de modo que el estudiante no se transforme siempre en el mentado jamón del sánguche. El paro es siempre el último recurso de los trabajadores para luchar por lo que consideran justo, pero es necesario medir el perjuicio que se puede causar a un tercero, mucho más cuando la resolución del conflicto no depende de las autoridades locales, sino nacionales.

Durante marzo, se registraron 10 días de huelga (6, 7, 8, 15, 16, 21, 22, 28, 29 y 30) y se anticipan nuevas medidas para las próximas semanas. Debería buscarse otra salida para no poner en peligro la educación de los jóvenes y no repetir la intransigencia de 2014, en la que la UNT soportó 90 días de huelga. Se deben buscar mecanismos razonables de negociación. Se debe pensar también en el daño que se puede causar en materia educativa. La falta de diálogo y las posiciones irreductibles de las partes en conflicto no son un buen camino para arribar a una solución satisfactoria.