En los últimos años la escuela ha trabajo mucho con interculturalidad, con la inclusión de las propias comunidades indígenas. Las prácticas ancestrales han llegado a las aulas en forma de talleres de telares, coplas, cestería con poleo; como una forma de rescatar lo que se iba perdiendo. Pero con el tiempo ese rasgo particular de algunas escuelas se va borrando. “Los docentes no hacen ninguna especialización para trabajar en comunidades indígenas. Hace un tiempo se hizo una cohorte con una especialización en educación intercultural y fue una muy buena experiencia, que no volvió a repetirse”, recuerda la profesora Gabriela Cruz, directora del Instituto de Enseñanza Superior de Amaicha del Valle.
Los docentes que egresan de esa zona no pueden volcar sus conocimientos ancestrales en su comunidad. Se inscriben en la Junta de Clasificación y según su puntaje podrán optar a un cargo. Sin embargo están en desventaja con los egresados de la capital o de Concepción, considerado en la misma zona, que tienen más oportunidades de capacitarse, explica la docente.
“En las escuelas, los chicos reciben la misma educación que cualquier chico de la capital, pero las condiciones de los edificios escolares, de sus familias y del entorno natural es diferente. Por eso no pueden ser evaluados de la misma forma. Lo mismo ocurre con los docentes, los de San José de Chasquivil que cabalgan 18 horas para llegar a su escuela desde Amaicha no tienen la misma oportunidad que los demás para capacitarse. Tienen menos puntaje y menos posibilidades de elegir dónde trabajar”, señala Cruz. Por eso sostiene que cuando la igualdad de oportunidades no es más que una palabra sin entidad real, la calidad educativa también se resiente.
Gladys Caram, pedagoga y psicóloga, enseña en la carrera de Ciencias de la Educación en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNT. “Hay muchos niños con dificultades para prestar atención, concentrarse, controlar sus impulsos y aceptar las normativas del aula y de la institución. En los más pequeños, esto impacta negativamente en los procesos de alfabetización”, indica.
En los casos donde el problema es sintomático, ella recomienda hacer una derivación y, si es necesario, recurrir a un tratamiento psicológico o a un apoyo escolar pedagógico.
También propone para elevar la calidad educativa controlar la cantidad de alumnos en el aula. Y si se presentan dificultades, se debe recurrir a una maestra de apoyo que trabaje junto con el docente del grupo.
“El docente tiene que saber que no todos los niños aprenden de la misma manera y al mismo ritmo. Para el niño con ritmo distinto, el docente tiene que plantear otras actividades y darle una atención más personalizada. El vínculo docente-alumno es muy importante. Incluso, si son niños pequeños se pone más en juego lo afectivo”, remarca.
En el plano de nivel inicial, Vanesa López, licenciada en Educación Inicial y psicopedagoga, también profesora de las carreras de Nivel Inicial y Psicopedagogía en el Instituto Decroly, destaca que para los chicos, producir ideas ellos mismos o tomar ideas de autor y poder explicarlas se convierte en un desafío. “No están manejando las herramientas necesarias para interpretar, comprender, analizar, relacionar un concepto con otro, para dar ejemplos”, resalta. Por eso advierte que es importante la detección temprana de las dificultades. Juegan un papel fundamental el rol del psicopedagogo y la mirada del docente para darse cuenta.
Lo emocional y el acompañamiento de la familia es decisivo. Si los papás no reconocen que el niño tiene una dificultad nunca podrá recibir la ayuda necesaria. El docente debe capacitarse para poder detectarla.
> CONCLUSIONES
Capacitarse para detectar problemas
Cuando los alumnos tienen problemas de aprendizaje el docente debe ser el primero en detectar la dificultad para dar intervención al gabinete. Pero para ello debe estar capacitado.
Combatir las desigualdades
Desde el Estado se deben resolver los problemas sociales de fondo para combatir la inequidad y la desigualdad tanto entre docentes como en alumnos, sobre todo del interior.
Incluir a las comunidades indígenas
Las escuelas, insertas en comunidades indígenas, ayudan a mantener vivas las tradiciones y saberes culturales. Pero muchos docentes no están capacitados para trabajar en ellas.