La vereda de la calle Maipú al 1.900 (Villa Urquiza) sucumbió ante el avance de los pastos de un terreno baldío. Para José Molina, jubilado, caminar con su bastón se convierte en una tarea difícil. “Ya intenté pasar, me caí y me lastimé la cabeza. Crece basura por todos lados”, relató.
Los vecinos contaron que el baldío data desde, por lo menos, hace 30 años. Pero que desde hace dos se encuentra abandonado.
“Antes ahí había una cancha para los chicos y la manteníamos los vecinos del barrio. Después, los dueños vinieron, cerraron el terreno y no aparecieron más. Nadie viene porque no te dejan pasar”, protestó Reinaldo Díaz.
Ahora Díaz, con su machete, sólo corta el pasto en la gruta que construyó para el Gauchito Gil. “También los de la iglesia evangélica del barrio cortaban pero vieron que sólo se beneficiaba el dueño”, dijo.
Los sueños de fútbol se perdieron entre los yuyos. Ahora el terreno sólo alberga alimañas. “Hay pericotes, alacranes, entran en las casas de todos los vecinos. Sacamos hasta víboras de ahí”, afirmó Díaz. “Hay hasta cocodrilos”, bromeó un vecino que pasaba por la calle.
Olga Canivares, que vive en la cuadra, lamentó las condiciones insalubres que hay justo frente al CAPS. “No puede ser que haya ratas saliendo frente a gente que está enferma”, protestó. Según la vecina, la cuadra se volvió ideal para los carreros. “Vienen todo el tiempo. Tiran escombros y ramas. No los podemos confrontar porque tenemos miedo por lo que puedan hacernos”, reconoció.
LA GACETA intentó comunicarse con Juan Manuel Ledesma, director de Catastro de la Municipalidad capitalina, para consultarlo por la situación del terreno baldío, aunque no hubo respuesta.