En el interior, los chicos no sólo van a la escuela a aprender; van, fundamentalmente, a hacerse visibles para el sistema. No pocas veces la escuela en los pueblos resulta una tabla de salvación para no hundirse en la pobreza, en la desocupación y en la enfermedad.
LA GACETA consultó a tres directores de escuelas del interior sobre estrategias para elevar la calidad educativa: José Flores (de la Escuela Media de Trancas), María Angélica Chávez (de la escuela n° 330 de Los Ralos) y Juan Alberto Condorí (de la N°10 de Amaicha del Valle). Las dos últimas son de nivel primario. Sin desconocer sus diferentes realidades, coinciden en tres claves: 1) atender caso por caso los problemas de cada alumno, cuyo origen casi nunca tiene que ver con la escuela; 2) trabajar en equipo con las escuelas cercanas, con otras instituciones del medio y con el Ministerio de Educación; y 3) crear en el chico un sentimiento de pertenencia con relación a su escuela.
El profesor Flores explica que la escuela rural recibe chicos de una gran diversidad social. “En el interior uno de los mayores problemas es el desempleo, la pobreza... Y la escuela pública recibe a una diversidad de estratos sociales, e incluso a ciudadanos de otros países, como de Bolivia, por ejemplo. La escuela tiene ese poder de inclusión, de brindar al chico las herramientas para que se defienda en el futuro, tanto en el campo laboral como si quiere seguir estudios superiores”, afirma.
Pero para poder llegar a ese punto, la escuela tiene que motivar al alumno para que estudie, aprenda y se quede en la institución. “La clave está en que el alumno se sienta incluido, integrado. Porque cuando al chico no le interesa algo no lo valora, y cuando se siente protagonista estudia más contento”, dice Flores. De ahí que la escuela de Trancas está constantemente creando proyectos sociocomunitarios, y hace que sus alumnos participen en concursos, investigaciones y que ellos mismos tengan iniciativas. “Así les vamos creando el sentido de pertenencia en relación con su escuela”. Un problema a resolver, reconoce Flores, es el ausentismo docente en escuelas del interior.
La escuela 330 Eudoro Avellaneda está abierta de lunes a lunes gracias al programa Escuela de mi Barrio. María Angélica Chávez sostiene que desde que se implementó la iniciativa se terminaron los robos en la escuela. “Nos ayuda mucho trabajar en equipo, nos unimos las cuatro directoras de Los Ralos y de Las Cejas, y tratamos todos los problemas en conjunto, nos consultamos y nos ayudamos mutuamente”, dice. Las directoras a su vez trabajan junto con el hospital, con equipos interdisciplinarios, para resolver temas puntuales de cada chico. “Esto nos permite trabajar en articulación primaria y secundaria, y seguir la trayectoria escolar de cada alumno”, dice Chávez, cuya escuela tiene 900 alumnos en dos turnos.
En la escuela N°10 de Amaicha del Valle, de jornada completa, los docentes están todo el día con sus alumnos y los chicos reciben una educación personalizada. Todos los deberes se hace en el aula”, cuenta el director, Juan Alberto Condorí. La mayoría de los padres acompaña y los chicos tienen buen desempeño.
Pero no todo es color de rosas. Un problema es la falta personal de servicio, ya que en algunas escuelas no hay conserje ni cocinero. En muchos casos, el docente se ve obligado a ser polifuncional porque a veces tiene que limpiar y cocinar. Tiene que hacer de todo y eso resiente la enseñanza.
CONCLUSIONES
> Preocupa el ausentismo docente