Una gran colección de obras clásicas está detrás de los vidrios de una vitrina. Se leen autores como Dostoievski, Shakespeare, García Lorca. Son algunos de los libros más “valiosos” que tiene la Biblioteca Popular Nicolás Avellaneda, ubicada en una esquina de Mendoza y avenida Ejército del Norte. Y ya no tienen polvo, porque un grupo de jóvenes entusiastas y voluntarios se encargó de limpiarlos, catalogarlos y ordenarlos. De todas formas, las puertas de ese edificio no están abiertas al público como deberían. Y todo a su alrededor está deteriorado o tiene otra función: se dictan clases de gimnasia y manicuría, que no son gratuitas, y hasta hay un enorme cartel publicitario en lo más lato de la propiedad. Entonces: ¿qué pasa en ese lugar donde los libros deberían prestarse y los talleres deberían ser sin cargo para la comunidad?
La respuesta no la tiene Víctor Hugo Espinosa. El vecino de 59 años sólo puede decir que desde hace un tiempo largo no ve chicos en ese lugar. “Siempre quise arrimarme para ayudar, pero no nos dejan. Me gustaría que resurja, porque este lugar puede ayudar a que los chicos de la zona dejen la calle. Acá, antes, jugaban a la pelota. Tiene un patio enorme”, comenta Espinosa. Y recuerda que las décadas más fructíferas de la biblioteca fueron en 1960, 1970 y 1980. “Ahora esto es tierra de nadie. La biblioteca está muerta”, sostiene.
LA GACETA tuvo la posibilidad de ingresar al edificio, que previamente estaba cerrado con llave, gracias a unos trabajadores voluntarios. Allí se pudieron observar habitaciones con puertas clausuradas, los baños en estado deplorable, a medio construir y sucios; y hasta una pileta plástica ubicada en el fondo. A la intemperie está un cartel herrumbrado con el nombre Biblioteca Popular Nicolás Avellaneda.
Cerrada
Un grupo de vecinos, que prefirió reservar su identidad para no recibir represalias, contó que el edificio de la biblioteca fue donado por el municipio capitalino a una asociación civil para que la usara con el fin de biblioteca popular. Sin embargo, sostienen que está cerrada desde hace 10 años. “María Luisa Jiménez, una vecina de la zona, está a cargo de la Asociación Civil. Ella nunca tuvo interés en gastarle un peso y abrir sus puertas. Y encima un tercero arrienda publicidad del cartel que está sobre Ejército del Norte. También vive una familia el fondo de la propiedad. Por otra parte, hay emprendimientos privados, como una abogada, una manicura y un profesor de defensa personal. Esas clases no son gratuitas y ellos pagan un alquiler”, informó uno de los vecinos .
LA GACETA intentó comunicarse en reiteradas ocasiones con Jiménez, pero no obtuvo respuesta a los llamados.
> PUNTO DE VISTA
Hay que buscar el propio mecanismo de función para sobrevivir
NORMA NASIF Una de las fundadoras de la Biblioteca Popular La Randa
El año pasado, por primera vez en nuestra trayectoria tuvimos retrasos en el envío de fondos de la Conabip. Parte de ese dinero nos ayuda a pagar el alquiler del edificio donde estamos. Entonces tuvimos que poner más aportes los miembros activos e hicimos un bono contribución, por ejemplo, para tratar de solventar los gastos de los servicios, como electricidad, limpieza y de materiales: porque todos nuestros talleres son gratuitos. Nos ayudaron también las donaciones de un montón de personas que apoyan el proyecto de esta biblioteca popular. Es un trabajo colectivo, con un funcionamiento democrático y horizontal, para que la biblioteca funcione, se desarrolle y sostenga en el tiempo.
También es importante el aporte de los socios, aunque nuestra cuota es bajísima: antes pagaban $ 5 mensuales, y ahora serán $ 10. Pero a su vez esto permite que la gente del barrio y la de menores recursos acceda a los libros, la lectura, los diversos talleres, entre otras actividades. Así las cosas, es difícil sostener un espacio de estas características, pero creo que vale la pena. Nuestra Biblioteca Popular es un espacio donde se propician actividades educativas y culturales, con el servicio abierto y gratuito de la biblioteca.
Desde hace siete años pedimos al municipio de Yerba Buena que nos done en comodato un pequeño predio para construir un local y todavía no lo podemos lograr. Es muy importante tener un espacio propio; es una base enorme de posibilidades. Nos ahorraríamos dinero que podríamos invertir en capacitaciones gratuitas para nuestra comunidad.