“Ser futbolista es tener un arte adentro, como un bailarín de ballet”, escribe Santiago “Bigote” López, uruguayo del club Villa España. “Y dentro del arte -añade- el futbolista es un obrero del deporte. No tenemos educación en decir que somos trabajadores, que tenemos derechos y obligaciones. ¿Jugar al fútbol es un arte o es mi trabajo?”, se pregunta “Bigote” López. Y responde: “Somos esas dos facetas: el artista y el trabajador”.

López lo escribió unos días atrás para el diario Tiempo. Hablaba de la lucha de los futbolistas uruguayos. Por momentos parecía hablar también del fútbol argentino. De sus jugadores-trabajadores y de sus jugadores-artistas. De los jugadores que este fin de semana dejan de ser noticia por sus asambleas. Y vuelven a ser noticia porque juegan.

Ejemplos a seguir

El Maestro Oscar Tabárez acaba de cumplir 11 años en Uruguay como DT de la selección celeste. Lleva un total de 168 partidos. Récord mundial. Ningún otro en la historia del fútbol llegó a esa cantidad con una selección. Lo cito porque no sólo es artífice de los últimos buenos años de la “Celeste”. Sino también de su empatía y su compromiso con el pueblo uruguayo. Allí está, sino, el proyecto de la Fundación Celeste impulsado por el plantel de la selección y que sigue construyendo escuelas por todo Uruguay. Como en los tiempos en los que Marcelo Bielsa dirigía a una selección argentina que era imparable en la eliminatoria del Mundial 2002 y que, por eso la mención, salía a la cancha solidarizándose con docentes en huelga, con una aerolínea de bandera y con otras cuestiones cercanas a su geografía y a su tiempo. Seguro que Bielsa tuvo mucho que ver con eso. Seguro también que Tabárez tiene mucho que ver con el compromiso de la “Celeste”.

Rebelión

Fueron justamente los principales jugadores de la selección los que iniciaron en Uruguay una rebelión para ponerle fin al monopolio que ejerce en su país la empresa Tenfield, de Paco Casal. “Sólo así se librará del yugo de intereses ajenos y no seguirá vendiendo su rico patrimonio al bajo precio de la necesidad”, decía en 2016, cual si fuera José Gervasio Artigas, Diego Godín, capitán de la “Celeste”, pidiéndole a la Asociación Uruguaya de Fútbol (AUF) que frenara los abusos de Tenfield. Fue comprensible que la movida comenzara con los jugadores más consagrados. Eran los menos dependientes de la empresa del empresario.

Pronto, los jugadores de clubes locales que sí dependen de Tenfield comenzaron a sumarse igualmente a la rebelión. Extendieron la protesta a su propio gremio, la Mutual, a la que acusaron de defender más los intereses de Tenfield que de los propios jugadores. Cortaron la calle Rivera y, agotadas las gestiones con el gremio, presentaron un petitorio al gobierno denunciado que la Mutual “no protege” los “derechos e intereses” de los asociados y que “actúa motivada por intereses personales o de terceros”, esto último en clara alusión a Tenfield.

Un total de 590 jugadores acompañaron el reclamo de renuncia de la directiva de la Mutual. Y más: al advertir que los medios vinculados directa o indirectamente con Tenfield (buena parte de la prensa más poderosa) no difundían sus reclamos, los jugadores decidieron entonces no darles más declaraciones, no asistir a sus programas, no aceptar sus premios y no prestarles su imagen. A preguntar en conferencias de prensa, como cualquier hijo de vecino. Un palo para la empresa que tiene los derechos de TV del campeonato uruguayo.

La campaña de los jugadores tiene un nombre: “Más unidos que nunca”. La leyenda fue exhibida por Godín y Luis Suárez, que posaron juntos para la foto en el último clásico Atlético Madrid-Barcelona. “Por nuestro fútbol, digno, trasparente e independiente”, tuiteó inmediatamente el delantero de Barcelona.

La última carta

Inevitable pensar en lo que sucedió por nuestros pagos y más cuando sabemos que dentro de 11 días Leo Messi y compañía estarán jugando en el Monumental contra Chile. “Hubiese sido bueno si en medio de nuestro conflicto hubiésemos recibido algún apoyo de los jugadores de la Selección”, admite uno de los jugadores más comprometidos en las asambleas de Agremiados. Si el conflicto se agravaba, dice ese jugador, el plan de lucha incluía gestiones en busca de Messi y los suyos. Una palabra de Leo o de Javier Mascherano hubiese ayudado a jugadores que no cobraban desde hacía cinco meses su sueldo de 12.000 pesos mensuales.

Me cuentan que, en un cuarto intermedio de la asamblea, jugadores de un equipo grande, buscaron levantar la huelga aún cuando no estaba el dinero. Los del ascenso fueron claves para mantener el reclamo. Y también muchos otros de clubes grandes, por supuesto. “Lo importante -dijo Luciano Ahued, de Racing- fue que sentimos el problema de los otros como propio”.

Vuelvo al texto inicial de “Bigote” López. Al momento en el que “Bigote” habla del pibe deja de jugar por placer y ya sabe que el fútbol será su trabajo. Pero sabe también, como dice “Bigote”, que como “tiene un arte adentro”. Pasó la asamblea y es el turno de hacerle honor al arte de la pelota.