ANA MARÍA CERRO - DOCENTE DE ECONOMETRÍA

INSTITUTO DE INVESTIGACIONES ECONÓMICAS UNT

La pregunta que desvela a economistas y no economistas es si será posible cumplir las metas anunciada por el Gobierno respecto de tres variables de la economía: inflación entre el 12% y 17 %, déficit fiscal de alrededor del 4% del PBI y un crecimiento que rondará también el 4%.

Cuando hablamos de variables macroeconómica debemos tener en cuenta que forman parte de un modelo de equilibrio generales; es decir, que los valores de todas las variables económicas están relacionadas entre sí y dependen de un sinnúmero de factores exógenos, por ejemplo, qué sucederá con los precios de los commodities, cuál será la política externa de Estados Unidos, qué sucederá con la economía de Brasil, entre otras. Esto dificulta tremendamente las predicciones.

Sin lugar a dudas, resultará un gran desafío para el Gobierno nacional cumplir esas metas. De continuar la inflación con los valores anualizados de enero y de febrero, el índice superaría el 20% anual, excediendo la meta del Gobierno. Es cierto que las políticas monetarias actúan con un desfase de, aproximadamente, seis meses con lo cual el efecto de políticas monetarias restrictivas se harían efectivas más adelante.

Sin embargo, si el déficit fiscal no baja, la pregunta es cómo se financiará, porque el endeudamiento también tiene un límite, y ello condiciona el cumplimiento de las metas de inflación.

Por otro lado, el endeudamiento externo tendrá como efecto colateral la apreciación cambiaria que quita competitividad a la economía. Los costos argentinos siguen siendo altos respecto a los de otros países, especialmente en un momento en el cual el dólar se está apreciando. Por ello, la pregunta clave es si será posible controlar el gasto público en un año electoral. El gasto público, el déficit, la inflación y el crecimiento están estrechamente ligados, con lo cual las metas compiten entre sí.

Punto de giro

Si bien ya se anunció, quizás de un modo prematuro, un punto de giro en el ciclo económico que marca el fin de la recesión, la tasa a la que crecerá la economía estará muy condicionada por lo que suceda con las inversiones. Por ahora los inversores son prudentes y esperan los resultados de las elecciones de octubre de este año.

La evolución de las variables macro, en particular el crecimiento económico, son un indicativo de la evolución del bienestar de la sociedad como un todo: estaremos mejor o peor que en los años anteriores. Al respecto, tenemos que tener en cuenta que los países que crecen son aquellos que piensan que las instituciones importan, que el Banco Central necesita independencia en la formulación de la política monetaria, que el gasto público debe ser eficiente, que la inflación no puede ser un recurso para financiar gasto público, que los mercados no pueden ser distorsionados en forma permanente, sin consecuencias desastrosas como ocurrió en el sector energético, que la corrupción debe ser eliminada, que las estadísticas son una guía para los que toman decisiones y por ello no deben ser adredemente distorsionadas, que la inseguridad atenta contra el capital físico y humano.

Por ello si esta administración no se aleja de los objetivos, podemos decir que la economía comienza a transitar por la senda del crecimiento sostenible, independientemente de que, en el corto plazo, el Gobierno se desvíe algunos puntos de sus metas.