La violencia es la principal causa por la que los menores ingresan a los institutos. De hecho, el 53% de los chicos que llegan a los distintos hogares fue separado de su familia por situaciones de maltrato grave. Por esta misma razón, en la mayoría de los casos pasan años hasta que se les declare la situación de adoptabilidad, algo que no siempre sucede, de acuerdo con los datos del estudio “Situación de niños, niñas y adolescentes sin cuidados parentales”, realizado por Unicef.
En Argentina, hay un poco más de 9.000 chicos y chicas sin cuidados parentales (son aquellos que por algún motivo no viven con su familia de origen e ingresan a una institución). De esa cifra, 760 están en condiciones de ser adoptados. Es decir, sólo uno de cada 10 menores. Para que un menor pueda ser adoptado, tiene que mediar una sentencia judicial en la que un juez o una jueza dejen asentado que se agotaron todas las posibilidades de que él o ella permanezcan con su familia de origen o familia ampliada.
La cantidad de años que estos chicos pasan en el sistema antes de que se los pueda adoptar es el mayor enemigo para que consigan una familia, ya que a medida que los niños crecen, se reducen las posibilidades de que sean adoptados. Nueve de cada 10 parejas o personas que se inscriben para adoptar sólo buscan bebés. En cambio, el 55% de los egresados encuestados por Unicef había pasado más de seis años en hogares. Y el 20% había pasado más de 10 años.
Las otras razones por las que los chicos viven en hogares al cuidado del Estado son: el 22,8% sufrió abandono y el 19%, abuso sexual.
El estudio de Unicef mostró que en los últimos tres años se redujo en un 37% la cantidad de menores institucionalizados. Además, aumentaron los egresos de aquellos que pudieron revincularse con su familia de origen o ampliada.