El reciente descubrimiento de la NASA del sistema planetario de la estrella Trappist-1 ha revolucionado el mundo de la astronomía. Se hallaron siete planetas que tienen una masa y un tamaño muy similares a la Tierra. Además, orbitan cerca de su sol en lo que se llama zona templada, por lo que es posible que tengan agua en estado líquido.

El doctor Hugo Levato, director del Instituto de Ciencias Astronómicas, de la Tierra y del Espacio (Icate-Conicet), destacó que este descubrimiento aumenta las posibilidades de encontrar vida fuera del sistema solar. Agregó que con telescopios gigantes como el James Webb, que se inaugurará dentro de poco, se podrá estudiar la atmósfera de estos planetas. “Si tienen atmósfera y en ella se detecta oxígeno, vapor de agua, nitrógeno, elementos como los que conocemos en la atmósfera terrestre, aumentarán las posibilidades de que allí pueda haber vida”, dijo el experto.

Estos planetas descubiertos tienen una órbita mucho más pequeña que la que realiza la Tierra alrededor de nuestro sol. “Algunos de estos planetas tienen ‘años’ de tan solo unos pocos días”, comentó el director del Icate.

Al tener una masa mucho menor que la del Sol, Trappist-1 vivirá por mucho más tiempo. “Una de las cosas fascinantes es cómo juega el tiempo en todo esto; en números redondos, el sol tendrá una vida total de 10.000 millones de años, de los cuales ya vivió 5.000 millones, o sea que está a la mitad de agotar el hidrógeno que es su combustible”, aseveró Levato. Y explicó: “En cambio, Trappist-1, por tener mucha menos masa, consume hidrógeno más lentamente y vivirá mucho tiempo después de que se haya extinguido el sol”.

Levato aclaró: “a la velocidad que viajamos hoy es imposible llegar a Trappist-1, pero estimo que dentro de 100 años vamos a poder viajar a lugares que están a 40 años luz. Hay que pensar como en la carabelas que usó Colón, que tenían esas velas grandes infladas por el viento; hay proyectos para hacer vehículos con ‘velas parecidas’, pero impulsados por las partículas solares que viajan a 300.000 kilómetros por segundo”.

Si bien eso no aseguraría viajar a la velocidad de la luz, podría alcanzarse una velocidad suficiente para hacer recorridos interestelares “Hay que tener en cuenta la teoría de Einstein y la relatividad del tiempo, por la que, si una persona viaja a una velocidad importante, envejece menos que la que se queda en reposo; y si una persona viajara ida y vuelta hasta Trappist-1 a una velocidad cercana a la de la luz, aquí habrían pasado 80 años, pero, para ese viajero, muchos años menos”, describió Levato.

Fuente: Agencia CTyS-UNLaM