Los fines de semana Pablo atiende su drugstore a puertas cerradas. El negocio está ubicado en avenida Belgrano al 1.700 (Barrio El Bosque), donde son frecuentes los robos callejeros y a negocios, a pesar de que está a una cuadra de la seccional 6ª, según comentaron los comerciantes consultados por LA GACETA. Poco antes del mediodía del domingo, una pareja que se movilizaba en una Honda CG negra se detuvo frente al polirrubro, a metros de la esquina con calle Asunción.

El conductor, un hombre de unos 35 años, descendió del rodado y simulando ser un cliente, pidió un fernet, cervezas, gaseosas y algunos comestibles. “Las rejas estaban cerradas y yo atendía por una pequeña rendija. Mientras yo hablaba con el hombre, la mujer lo esperaba en la moto”, recordó Pablo, y agregó: “le pasé la mercadería por la ventanita y le dije el importe de la compra. Él se hizo el que le pedía a la mujer el dinero para pagarme, pero rápidamente subió a la moto”.

Al advertir la secuencia, el comerciante salió rápidamente e intentó detener a la pareja de delincuentes. Pero en ese momento el hombre simuló extraer algún arma y subió a la moto. “Cuando yo salí del negocio el hombre amenazó con matarme. A la chica la pude haber atrapado o tirado al piso, pero pensé que después iba a ser peor para mí porque pueden volver y vengarse”, reflexionó el joven de 26 años, quien explicó que no hizo la denuncia. “Para qué si no llegamos a nada y encima pierdo yo porque tengo que cerrar mi negocio para hacer los trámites”.

En la fuga, los ladrones dejaron caer las botellas que se hicieron pedazos contra el pavimento mientras la dupla de ladrones escapaba a toda velocidad por avenida Belgrano, hacia el Este.

En ese momento desde una carnicería de la esquina de Belgrano y Asunción salió un policía que trabaja como seguridad, pero tampoco pudo atrapar a los asaltantes.

Pagar por seguridad

“Tenemos que pagar por seguridad a pesar que estamos a una cuadra de la comisaría. Es una zona peligrosa para andar por la calle porque te roban todo el tiempo y lo mismo les pasa a los negocios”, contó un comerciante que pidió que su nombre se preservara.

Paola, quien trabaja en un bar ubicado en la ochava Sureste, agregó: “tuvimos que contratar seguridad porque hay muchos robos. Aquí lo que nos pasó es que bajan de las motos y tratan de robarles a los clientes”.

A pocos metros, Natalia atiende una librería artística. La impunidad con la que operan los ladrones es tal que meses atrás ladrones rompieron con un adoquín la casilla de gas e ingresaron al local, donde se apoderaron de mercadería por unos $ 20.000 y computadoras.

“En ese momento no hicimos la denuncia en la Policía, pero tuvimos que instalar alarmas y poner personal de seguridad, como tienen que hacer todos los vecinos”, se lamentó la encargada.