En 1928, sólo tres filmes fueron nominados como mejor película en la primera entrega de los Oscar. Al año siguiente pasaron a ser cinco, luego ocho y en 1933 y por una década, fueron 10. Después volvió a cinco y en 2009 se amplió nuevamente el número de postuladas. En la ceremonia que tendrá lugar el domingo 26 de este mes, habrá nueve producciones. Hoy, Tucumán recibe en estreno dos de ellas, precedidas de excelentes críticas, con propuestas muy distintas entre sí, lo que evidencia la variedad existente.
“Sin nada que perder”, dirigida por David Mackenzie, está inscripta en la disputa de cuatro estatuillas: película, actor secundario para Jeff Bridges (a los 68 años es su séptima nominación y ya logró un Oscar en 2010 por “Loco corazón”), guión original y edición. El filme independiente (uno de los más exitosos del año pasado) ya estuvo nominado a tres Globos de Oro y a mejor película en el premio “Una cierta mirada” del último Festival de Cannes.
El guión de Taylor Sheridan (autor también de “Sicario”) está estructurado como un thriller clásico dentro del clima del western contemporáneo, con ladrones osados que terminan siendo perseguidos, policías implacables y necesidades afectivas pendientes. Ben Foster y Chris Pine componen a Tanner y Toby Howard, respectivamente, dos hermanos que deciden robar bancos en el menor tiempo posible para así obtener el dinero necesario para mantener la granja familiar que está hipotecada, y sobre la cual se proyecta la sombra de la pérdida. Esa propiedad es el único bien que tienen, heredado de su madre recientemente fallecida y centro de su lucha durante toda la vida. “La Justicia no es un crimen”, es una de las consignas en las que se asienta el argumento, y con personajes que despiertan la empatía por ser víctimas de un sistema financiero expoliador.
Ninguno de los dos son delincuentes profesionales, sino personas desesperadas: Tanner acaba de salir de prisión y Toby está divorciado de su esposa y debe mantener dos hijos. El entorno agreste y rural de Texas completa un paisaje de desolación, pobreza y olvido que enmarca la angustia de quienes lo habitan.
El principal problema que enfrentan no está dentro de cada sucursal que asaltan, aunque haya resistencia y balaceras de por medio. Su fantasma es el veterano ranger de Texas Marcus Hamilton (a cargo de Bridges), quien quiere atraparlos antes de jubilarse, aunque simpatice con su causa.
Hecho real
La conquista de los derechos civiles para la raza negra apenas cumplió medio siglo en Estados Unidos. La lucha social que tuvo su pico en la década del 60, y que derivó en la sanción de varias leyes al respecto, estaba basada en la segregación existente y en el ocultamiento del aporte de la gente de color a la sociedad.
Uno de esos episodios trasciende masivamente en “Talentos ocultos”, el filme basado en la invaluable contribución de un grupo de matemáticas afroamericanas al desarrollo de los planes de la NASA para conquistar el espacio en la carrera con la Unión Soviética y poner en órbita alrededor de la tierra al astronauta John Glenn, -recientemente fallecido-, héroe nacional desde que lo consiguió en 1962. Aparte de la cuestión racial permanentemente presente en la narración, también se aborda el machismo existente en una microsociedad cerrada como esa agencia estatal, donde ser negra y mujer era una mala combinación.
La producción dirigida por Theodore Melfi tiene tres nominaciones a los Oscar: mejor película, mejor actriz secundaria para Octavia Spencer (como una de las científicas, ganadora de la estatuilla por “Historias cruzadas” y conocida por su participación en la saga “Divergente”) y mejor guión adaptado, firmado por Melfi y por Allison Schroeder, sobre un libro de Margot Lee Shetterly. El filme ganó el domingo el premio del Sindicato de Actores de Hollywood al mejor elenco.