En 2012, Benjamin Geza Affleck alzó su segundo Oscar por “Argo”, elegida mejor película. Había esperado 14 años para volver a subirse al escenario y recoger la estatuilla, desde el premio como guionista por “En busca del destino”, coescrita junto a su amigo Matt Damon.

Affleck dirigió y protagonizó “Argo”, pero no fue nominado en la categoría de mejor director, una rara curiosidad de la Academia. Ahora vuelve a ponerse de ambos lados de la cámara en “Vivir de noche”, donde compone a Joe Coughlin, el hijo del jefe de Policía de Boston en los años 20, durante la prohibición de venta de bebidas alcohólicas.

Su filiación no calma su ambición de ganar dinero y acumular poder rápidamente. Para lograrlo, se integra a un grupo ilegal como un arriesgado contrabandista y vuelve un líder mafioso a partir de una traición que contempla tanto quedarse con un dinero como con la novia de un poderoso capo. Para colmo, se distancia de sus orígenes irlandeses para integrarse a las familias italianas, con lo que suma otro desafío. Romper las reglas tiene sus consecuencias, y Joe está a punto de conocerlas. Sólo tiene una opción: escalar a lo más alto, lo que le garantizará impunidad a costa de sangre y crueldad.

Esta película es la cuarta dirigida por Affleck, quien (según los críticos) demuestra su aceitado conocimiento de la industria, pero no toma riesgos en la construcción de su personaje ni de la trama (el guión también le pertenece, aunque está basado en la novela de Dennis Lehane, publicada hace cinco años).

Un punto fuerte del filme es la ambientación, con una reconstrucción al dedillo de los años de la veda en Estados Unidos, donde los negocios ilegales tomaron por asalto los despachos oficiales más encumbrados y la corrupción corría como el alcohol, aunque ambos estaban vedados.