Las máquinas de construcción que aplanan y remueven la tierra ocupan casi todo el espacio de las angostas cuadras flanqueadas por casas humildes, algunas de material y otras armadas a duras penas, con lo que hay. Los vecinos miran atentos, y a algunos cuesta sacarles alguna palabra. Es que tienen miedo de que esta sea una nueva muestra de promesas incumplidas, arreglos precarios y no de soluciones de fondo.

El progreso llega de a poco para los vecinos del barrio La Costanera. La municipalidad de San Miguel de Tucumán inició las tareas de urbanización en esa zona siempre golpeada y postergada de la ciudad. Este nuevo impulso de obras contempla la pavimentación de una avenida de un kilómetro entre el puente Barros hasta la calle Guatemala, iluminación, semáforos, parquización y juegos infantiles, además del mobiliario urbano, según informó la intendencia. Y aunque el asfalto solucionará los problemas de movilidad de los vecinos de la zona, ellos lo que piden como prioridad es que atiendan sus problemas de agua, que siempre escasea.

Accesibilidad

En una pequeña verdulería, ubicada en una de las laberínticas calles del barrio, la verdulera Jesús Ponce atiende a quienes que concurren a hacer las compras diarias. Vive en La Costanera desde los 12 años, y hoy ya tiene nietos. El pavimento es un material que nunca conoció por allí. “Cuando llovía acá no se podía transitar, no se podía andar”, asevera.

Si bien se mostró contenta por los avances en la obra, remarcó que todavía se necesitan muchos cambios. La falta de agua, señaló la vecina, es uno de los principales problemas, además de la inseguridad. Explicó que antes el agua tenía buena presión pero luego de que reemplazaron las viejas cañerías comenzaron los problemas. “Sufrimos la falta de agua todo el día. Recién a la noche sale un poquito. Eso es lo que necesitamos muchísimo”, aseguró.

Para Francisco González, también residente de la zona, las nuevas calles son un alivio. “Yo soy vendedor ambulante y como tengo la camioneta no podía salir porque estaba lleno de barro”, relató. También apuntó que nadie del municipio se acercó a consultar por los otros problemas que enfrenta el barrio: inseguridad y drogadicción. “Están pavimentando, haciendo las veredas. Ahora está bien, está tranquilo”, expresó.

En la vereda de su casa, disfrutando la nueva calle, José Ibáñez celebra los cambios que se están realizando. Lejos quedaron los días en los que el agua se estancaba en frente de su casa. Cuando las calles se arruinaban y no podía circular. “Hoy estamos con una mejor calidad de vida”, asegura. Cuando se le consultó por el resto de los problemas del barrio, retomó el problema del agua, una constante en los reclamos vecinales.

Voluntariado

En la capilla Nuestra Señora del Rosario (calle Estados Unidos 1598) se festejan los trabajos sobre el asfalto del barrio. “A nosotros como capilla nos favorece porque a veces los vehículos con las donaciones no pueden llegar”, explica Lucas Ledesma, miembro de la Acción Católica del barrio.

El joven también remarca que los beneficios que el pavimento traerá será el acceso de la policía y las ambulancias. “Facilita mucho más el ingreso de la fuerza policial. Será menos complicado que antes cuando no podían entrar por el barro o los pozos en la calle”, señala. También considera que las obras son positivas pero que no deberían quedarse en eso únicamente. “Falta armar un espacio verde, que sirva de contención para los chicos. Necesitamos armar un dispositivo donde los chicos se sientan contenidos”, afirma.

La higiene -comenta- será otro de los puntos que esperan mejore el nuevo pavimento. “Con la calle de tierra los vecinos dejaban animales afuera, que ensuciaban en la calle. Ahora esperamos que eso cambie”, especuló.