Alejandro Bulacio Sfriso puede dar fe de que lo que se ve en las películas es cierto: apenas llegó al aeropuerto de Hawai, un grupo muy sonriente de hombres con camisas floreadas y mujeres de polleras largas le colocó un collar de flores para darle la bienvenida. “Lo que no te cuentan es que para quedártelo tenés que pagar 20 dólares. Si no te lo sacan, je”, revela Alejandro, que de todos modos conseguiría su collar gratis pocos días después, al consagrarse campeón en el Mundial de Triatlón XTerra, en la categoría 35-39 años.

La aventura comenzó mucho antes, en octubre del año pasado, cuando Alejandro (37 años) descubrió que existía el Triatlón XTerra, que combina trailrunning (correr por senderos montañosos), con natación y mountain bike. En realidad, lo que descubrió fue la especialidad, porque al triatlón ya lo practicaba desde los 19. Claro que a un Mundial no va cualquiera, y Alejandro primero tuvo que disputar el clasificatorio que se llevó a cabo en San Juan. Mejor no le pudo ir: fue el mejor amateur de la competencia y se ganó el boleto.

O mejor dicho, la clasificación, porque al boleto se lo tuvo que pagar él. “Desde el momento en que gané la plaza me dije que iría a Hawai como sea. Recibí apoyo del la Secretaría de Deportes y de la Caja Popular, que me ayudaron a solventar un poco los gastos, aunque la mayoría lo saqué de mi bolsillo. Igual, volvería a hacerlo mil veces, porque esa sensación de estar junto a los mejores es impagable”, afirmó.

La ley de la selva

Alejandro no llegó solo a Hawai. Lo acompañaron su mujer, su madre, una tía y una prima, que terminarían oficiando de equipo. “Les indiqué en qué lugares debían pararse y cómo tenían que hacer para calcular en qué posición iba y para que me fueran manteniendo al tanto durante la carrera”, explicó.

Alejandro se dio con que el mar de Maui era mucho más picante que las aguas de Mar del Plata y de Brasil, donde había nadado en otras oportunidades. “La entrada al mar era complicada, porque como había muchas olas, tenías que ver bien cuándo agarrar la rompiente. Y cuando vi que varios profesionales entraron mal y se comieron una ola, pensé: si a estos que son los mejores les pasa, no me quiero imaginar a mí. Por suerte no me pasó. El tema es que éramos 720 amateurs y nos teníamos que tirar todos juntos. Y cuando entrás al agua no existe la cordialidad. Vale todo: piñas, codazos, lo que sea con tal de pasar a un rival. Es la ley de la selva. Por eso, si no salís bien adelante te conviene quedarte atrás o en un lugar más apartado”, grafica Alejandro, quien debió cambiar de estrategia sobre la marcha.

“Mi idea era ser conservador en el agua, tratar de ganar algo de terreno con la bici y jugarme todo con el trote. Pero al salir del agua me encontré con que la lluvia había dejado los terrenos muy resbalosos. Anduve un poco a pie hasta que decidí subirme a la bici y proponerme no dejar de pedalear por nada. Tucumán tiene muchos circuitos de tierra, así que me sirvió bastante haber salido a pedalear con amigos en días de lluvia”, destacó.

Allí fue cuando hizo la diferencia. Pasó al frente de las posiciones con la bicicleta y en el trote solo debió defender la punta. La que le avisó que era campeón fue su mujer. “Fue una sensación de plenitud total, porque me había entrenado durante todo el año para eso. Nunca había planificado algo con tanto tiempo. Además, siempre estaba ese miedo de que un pinchazo me costara la carrera; pero no, la bici se portó de 10. Fue un sueño”, asegura.

Alejandro estrenó su título hace un par de semanas participando en la final “K42 Salomon”, una maratón que se corrió en Villa La Angostura. Y ya le apunta a su próximos objetivos: “el primero es en enero, un triatlón internacional que se hace en Entre Ríos. Es uno de los más grandes de Argentina y vienen muchos competidores de afuera. Y por supuesto también me gustaría volver a estar en el Mundial de XTerra en 2017. La plaza ya la tengo ganada y uno siempre quiere más, así que quiero volver a estar en Hawai y esta vez quedar más arriba en la tabla general”.