Hernán Carbonell

Dura coraza oprime a Daniel, quien arrastra, en su más oscura intimidad, los requechos de aquella visita que durante cuatro meses hizo Witold Gombrowicz a Santiago del Estero en el invierno de 1958.

De pronto, la luz: su padre, Macario Fuentes, y el Polaco “habían tenido una historia en común”. Pero, ¿qué tipo de historia? Lo ha buscado página por página y ningún libro de WG lo nombra. ¿Qué guarda ese descrédito? ¿Cuál es ese “vergonzoso secreto familiar” en el que no ha querido ahondar? Es que el mundo de Daniel se ha movido hasta ahora a través de silencios, medias voces, supuestos, negaciones.

¿El padre? Una figura ausente, una identidad que necesita ser reforzada; una imagen que vuelve desde el pasado, una continua reconstrucción, una comarca baldía, ignorada.

¿Qué cosas habrían sucedido en Santiago que no se supieran? Como dice Ricardo Piglia en su artículo “La novela polaca”, ¿cuáles son esas “intrigas de la ficción argentina”? Más planteos y replanteos: ¿Quién fue Gombrowicz? Un personaje de ficción, en este caso, sí, pero, también, ¿un exiliado, un viajero, un sabio, un farsante? ¿Un fantasma, “sombra que vuelve de la sombra”? ¿Un provocador, una construcción colectiva, un invento argentino que “existe en cuanto es narrado como historia”, como personaje?

Esa multiplicidad de interrogantes atraviesan 1958, Estación Gombrowicz, de Lucas Daniel Cosci, doctor en Filosofía, periodista, docente, investigador.

Construida sobre capítulos breves, de una página, apenas dos, hasta de una sola frase (más sugerente que todo un párrafo) y con un lenguaje que pocas veces se despega de la prosa poética, la novela flota envuelta en alusiones y escamoteos, semblanza y racconto histórico, con una tensión que fluctúa entre la confirmación o la indefinición de aquel secreto. Para eso, necesita que el narrador refiera desde la segunda persona del singular, tomando incluso las voces de los diferentes protagonistas.

En ocho capítulos, luego de un riquísimo prólogo de Ewa Kobylecka Piwonska, -Universidad de Lodz, Polonia- se entrecruzan la “sagaz, joven, bella” periodista cordobesa Romina Riquelme, una guerra retórica con Bernardo Canal Feijóo, el hermano de Mario Roberto Santucho y la ciudad (“onírica, ubicua, sin anclaje”) de Santiago del Estero como una actriz de reparto. Y la lengua: leer en un idioma indescifrable, soñar en quichua. Cosci: “un libro sin traducción es una puerta trancada”. Piglia: “Vivir en otra lengua, se ha dicho, es la expresión de la novela moderna”.

Y la última y gran pregunta: qué de pureza histórica y qué de ficción hay en el relato de Cosci.

© LA GACETA

NOVELA 
1958. ESTACIÓN GOMBROWICZ 
LUCAS DANIEL COSCI
(Edunse - Santiago del Estero)
NOVELA 
1958. ESTACIÓN GOMBROWICZ 
LUCAS DANIEL COSCI
(Edunse - Santiago del Estero)