Todo estaba listo para empezar a las 9, pero se concretó una hora y media más tarde. La espera se matizó entre las risas por lo bajo de los empleados de la Casa de Gobierno cuando veían figuras en las pinturas y la incomodidad de muchos artistas que por primera vez entraban al Salón Blanco y desconocían la ceremonia, cuyo comienzo marcó el ingreso del gobernador Juan Manzur al lugar.

Su presencia era clave para dar el último paso del Programa Provincial de Adquisición y Promoción de las Artes Visuales, y formalizar la compra de sendos cuadros a los 30 artistas seleccionados en la convocatoria, a quienes se pagó $30.000 por cada una. Pero todo fue más allá, y Manzur anunció que esta operación se repetirá todos los años.

“Tucumán tiene la cultura en su ADN y en especial el arte. Entre los elegidos vimos jovencitos y consagrados, y esto es un gran estímulo. Esto no va a ser un hecho aislado y hemos pensado que se repetirá todos los años”, aseguró entre aplausos.

Las obras “adornarán las oficinas de la Casa de Gobierno” confirmó el secretario general de la Gobernación, Pablo Yedlin. Para que no queden dudas, el ministro de Educación, Juan Pablo Lichtmajer, recorría el espacio tratando de elegir algún trabajo en función de su pequeña oficina. Regino Amado también se tomó la tarea de ver las pinturas y sacar fotos de ellas para ver cuál pide.

A la convocatoria que lanzó el gobierno se presentaron 198 propuestas que evaluó el jurado integrado por Ana Claudia García, Adriana Josefina Plaza y Gloria Zjawin de Gentillini, que seleccionó las piezas sin orden de mérito, las que “conformarán el patrimonio de la Casa de Gobierno de la Provincia”.

El proceso surgió cuando, hace un año, se devolvieron los cuadros que adornaban despachos y oficinas al Museo Timoteo Navarro, según recordó el gobernador. “Este año tuvimos mucha cultura, con el Concierto Federal del Bicentenario, el Concurso de Piano, el Septiembre Musical y ahora esta convocatoria. Pero si hay algo que nos junta a los tucumanos es el arte”, añadió.

En la exposición que pudo verse en el Salón Blanco domina claramente la pintura, aunque también están presentes el dibujo, la fotografía y una escultura. La abstracción y la figuración se destacan, por ejemplo, en los trabajos de Bruno Juliano por un lado, y de Marcelo Lazarte y Eduardo Joaquín, por el otro. El escudo construido con alambre de Marcos Figueroa contrasta con las suaves y hasta leves líneas e imágenes de Geli González.

El puntillismo contemporáneo en la pintura de Alejandro Gómez Tolosa, cuya base es la foto histórica de Eva Duarte abrazada por Juan Domingo Perón en el balcón de la Casa Rosada, politiza la muestra junto a la foto de Julio Pantoja, “Pablo Gargiulo, 20 años, estudiante de abogacía, 1996”. Los “Santos Profanos”, una serie de retratos de la selección de fútbol pero con rostros familiares del artista Maximiliano Romero Almenar, también se ganó la mirada de los visitantes, al igual que el oscuro acrílico de Agustín González Goytía, la fotografía de Rosalba Mirabella y el dibujo de Pablo Guiot.