La primera vez que José Alberto Rodríguez fue a La Ciudadela tenía apenas seis años. Por entonces vendía mandarinas y naranjas y le gustaba ir al corazón de la barra brava. Ahí fue creciendo. Se le fue endureciendo el cuero. “Éramos más grandes, más fornidos. Si había que pelear, peleábamos. Recuerdo algunos enfrentamientos en el sur y contra la hinchada de Juventud Antoniana”, cuenta, a metros de la cancha, antes del partido entre su “Santo” querido y Almagro.
Pero ahora, a sus 70 años, ya no mira los partidos desde el corazón de la barra brava. Prefiere un sitio más tranquilo. Y aunque sus tres hijos, sus nietos y bisnietos son todos “cirujas”, él va solo a la cancha. “Ellos están en otras tribunas. Yo voy a la de socios, a la más nueva. Me gusta venir solo. Ya estamos viejos”, dice, con sonrisa pícara. Pero trascartón precisa que nunca deja de ir a la cancha. “De visitante también viajé. Cuando San Martín estuvo en Primera, sobre todo, iba a todas partes. Y siempre sufriendo porque, como se dice, si no se sufre no es San Martín”, sostiene.
Y ante la consulta de LG Deportiva se animó a enumerar algunos de esos sufrimientos. “Por ejemplo, compraban malos jugadores y vendían a los buenos, y nos quedábamos sin nada. O el caso de (Ricardo Julio) Villa... aquí querían que por un sánguche de mortadela lo tengamos en la tribuna. Hasta que vino Atlético, le ofertó $ 100 y se lo llevó. ¡Terminó siendo el mejor ‘10’! Y como ese ejemplo, muchos”, reniega José. Otro recuerdo triste que cuenta es el último descenso de Primera División, en 2009. En especial, el partido contra Gimnasia de Jujuy, a tres fechas del final, que San Martín pierde 1 a 0 en La Ciudadela.
Pero también tiene “santas” alegrías en la memoria. “La mayor, cuando fuimos campeones en Chaco, con ese glorioso equipo”, dice, en referencia al primer ascenso de San Martín a Primera, cuando pasó de la Liga a la máxima categoría del fútbol argentino. ¿Cuál es su ídolo?, le pregunta LG Deportiva. José sonríe, y levanta la frente, para que no queden dudas: “Segundo Rómulo Corvalán”.