“Si no hay diálogo no hay educación. No hay patria. Porque la democracia se funda sobre el diálogo. ‘La educación es socrática o no lo es’. Sin embargo, en la escuela, sobre todo en la primaria, a la maestra no le gusta que los chicos pregunten mucho, cuando es justamente la pregunta la que debe motorizar la enseñanza, porque la pregunta es el instrumento de cateo de la realidad”. Lo dice el académico Pedro Barcia, entre pinceladas eruditas y ocurrencias llenas de humor, que hicieron escapar carcajadas del público, en medio de la gravedad del tema que se analizaba: “Pensar la patria desde el umbral de la tercera centuria”.

Este es el título del libro con el que la Comisión Arquidiocesana para el Bicentenario de la Independencia cierra el ciclo de homenaje que organizó la arquidiócesis de Tucumán. El martes, en el salón Abasto B del Hilton Garden Inn, se realizó la presentación, que estuvo a cargo de una mesa panel constituida por tres de los autores: Barcia, Hugo Ferullo y Abel Posse.

El resto de los participantes de la publicación son: Agustín Salvia y Juan Bonfiglio (del Observatorio Social de la UCA), Miguel Schiavone (decano de la Facultad de Medicina de la UCA) y Sabrina Julio, Abel Albino, Alieto Guadagni, monseñor Melitón Chávez, obispo de Añatuya; Miguel Espeche Gil, Susana Graneros de Terán y Graciela Assaf.

“Pensar la patria desde el umbral de la tercera centuria” se asienta en datos del pasado y del presente y avanza de cara al nuevo centenario en torno a tres ejes: la educación, los flagelos sociales y la ciudadanía y el bien común. La presentación contó con una nutrida concurrencia a pesar de la tormenta con granizo que azotó la capital tucumana hasta minutos antes de comenzar la exposición. El arzobispo de Tucumán, monseñor Alfredo Horacio Zecca, cerró la jornada.

Tierra de promisión

El prolífico novelista y ensayista, Abel Posse retrocedió en la memoria hasta el primer centenario para recordar aquella “tierra de promisión” que fue la Argentina para tantos europeos. Los visitantes se sorprendían al ver “la aceptación de la inmigración europea sabiamente incorporada en la vida argentina”. “Ellos nos dieron algo que no teníamos los criollos, que era la experiencia de sufrimiento profundo por la guerra. El país abría sus brazos a todos los hombres de buena voluntad que quisieran habitual suelo argentino. En los años 20 estábamos entre los siete primeros países del mundo”, dijo Posse. La realidad contrasta con los 30 millones de pobres y cinco millones de desplazados que la Argentina “ya no puede tolerar”. Recordó que Alemania para salir de su crisis después de la guerra decidió formar una coalición entre los partidos políticos, donde se discutían todos los asuntos importantes. “No hay ningún país que pueda renacer si no termina con las rencillas entre los políticos y con la guerra de acusaciones; si no deja de pasar a los jueces las decisiones que no saben tomar los jefes de Estado”, advirtió. Por eso opinó que en este momento la Argentina necesita patriotismo, argentinos con grandeza y “Quijotes” como los que fundaron el país hace 200 años, para poder salir adelante.

El economista Hugo Ferullo hizo un análisis de la evolución de la riqueza. Se preguntó dónde está el noble proyecto de Adam Smith después de dos siglos. Reconoció que se acabó el problema de escasez en el mundo. “Si se uniera toda la riqueza del mundo y luego se la distribuyera a todos los hombres, ese ingreso alcanzaría para que todos pudieran vivir muy bien. Es decir que todos podríamos vivir dignamente. El problema es la mala distribución de las riquezas. El 1% tiene más dinero que el 99% restante”, resaltó. Por eso la propuesta del papa Francisco de poner la economía al servicio del hombre es para Ferullo la única respuesta a la inequidad.

Barcia y Posse también citaron al Sumo Pontífice en su visión sobre la educación. Pero cuidado, advirtió Barcia: “la preocupación de los argentinos por la educación es mentira, es un verso”. El interés por la educación está en séptimo lugar, según una estadística, aunque públicamente se diga lo contrario, sostuvo. “Si bien la ley argentina no es mala, educa a los adolescentes en sus derechos y no en sus obligaciones”. De cara hacia la tercera centuria Barcia propuso restablecer el valor de la educación, promover el diálogo, el consenso y las políticas de Estado con continuidad, más allá de las gestiones.