Peter Baker / The New York Times
El único poder mítico visible era la luz de las siete velas delgadas que estaban encendidas. Y, con todo, por siglos, la tumba, ubicada en el centro de la historia, ha capturado la imaginación de millones por todo el mundo. Durante siglos, nadie vio dentro, hasta la semana pasada, cuando un equipo de especialistas abrió una tumba sencilla en la Ciudad Antigua de Jerusalén y encontró una cama de caliza para entierros donde, dice la tradición, yació el cuerpo de Jesucristo después de la crucifixión y antes de la resurrección.
“Vimos dónde yació Jesucristo”, me dijo el padre Isidoros Fakitsas, el superior del Patriarcado Ortodoxo Griego. “Antes, nadie lo había visto”. O, al menos nadie que esté vivo ahora. “Tenemos la historia, la tradición. Ahora lo vimos con nuestros propios ojos, el lugar, de verdad, del entierro de Jesucristo”.
Durante 60 horas, recolectaron muestras, tomaron fotografías y reforzaron la tumba antes de volver a sellarla, quizá por siglos. Para cuando yo la visité una oscura noche de esta semana, la tumba ya se había vuelto a cerrar. Al final, solo cerca de más o menos 50 sacerdotes, monjes, científicos y trabajadores habían echado un vistazo dentro y parecía muy factible que fueran los únicos del planeta que lo harán en el curso de nuestra vida.
La tumba que se cree es la de Cristo, se abrió como parte de una compleja renovación del templo que se construyó a su alrededor mucho después de su muerte, en lo que hoy se conoce como la Iglesia del Santo Sepulcro, quizá el sitio más santo de la cristiandad. Los académicos esperan estudiar lo que encontraron, a fin de determinar más sobre el acontecimiento que dio origen a una de las grandes religiones del mundo.
Los peregrinos han estado llegando a la iglesia durante generaciones, a veces cerca de unos 5.000 al día. Para llegar a la tumba, muchos caminan por la Vía Dolorosa, el sendero sinuoso que atraviesa la Ciudad Antigua de Jerusalén, por donde se dice que se obligó a Jesús a cargar su cruz. Los vendedores, como los que flanquean la vía el día de hoy, no habrían estado allí, pero, por lo demás, no mucho más ha cambiado desde entonces.
La iglesia se construyó cuando se descubrió la tumba en el siglo IV, durante el reinado de Constantino, el primer emperador romano que oficialmente se convirtió al cristianismo. Lo saquearon cuando Jerusalén cayó en manos de los persas en el siglo VII, luego la reconstruyeron y los califas musulmanes la destruyeron en el siglo XI. Después de que los cruzados capturaron Jerusalén, se la restauró en el siglo XII, pero se incendió y solo quedaron cenizas en el siglo XIX, así que se volvió a construir una vez más.
Algunos dicen que el sitio conocido como el Jardín de la Tumba es donde fue la crucifixión, en tanto que es común que los cristianos consideren que la Iglesia del Santo Sepulcro es el lugar donde se enterró a Jesús y donde resucitó. Al mismo tiempo, se encontraba fuera de la Ciudad Antigua, pero la muralla se movió después para incluir la iglesia y su famosa tumba.
El templo de mármol, conocido como el Edículo, se construyó en 1810, durante la época otomana, y se ha estado derrumbando últimamente. Sin embargo, solo después de que los israelíes ejercieron presión, fue que las tres comunidades religiosas -la ortodoxa griega, la ortodoxa armenia y la católica romana-, que celosamente comparten la iglesia, se pusieron de acuerdo para realizar una renovación.
Se eligió la Universidad Técnica Nacional de Atenas para llevar a cabo el proyecto porque ha trabajado en las restauraciones de la Acrópolis ateniense y la mezquita de Santa Sofía en Estambul. Colaborará la National Geographic Society y el canal de National Geographic transmitirá un programa sobre el tema.
Al principio, los especialistas no tenían planes de abrir la tumba, pero, hace un par de semanas, decidieron que necesitaban hacerlo para poder asegurar que nada podría filtrarse al interior. Fue una operación delicada. La parte superior de la tumba estaba cuarteada y a los especialistas les preocupaba que se rompiera al levantarla. “El objetivo principal era no romper la placa”, señaló Harris Mouzakis, profesor adjunto de ingeniería civil de la Universidad Técnica Nacional. “No se trataba solo de un tumba que teníamos que abrir. Era la tumba de Jesucristo que es un símbolo de todo el cristianismo”, agregó.
Una vez que quitaron el revestimiento de mármol, descubrieron otra laja de mármol con una cruz tallada. Abajo, encontraron la losa caliza que se quitó de una pared de una cueva que se cree fue donde yació Jesús después de morir. No se había visto esa losa por lo menos desde los 1500.
El equipo trabajó las 24 horas durante tres días, recopilando tierra y otros materiales del interior de la tumba para estudiarlos a futuro. La volvieron a cerrar rápidamente para evitar interrumpir las visitas de los peregrinos.
“Cada cristiano quiere venir y visitar el santo lugar, y que les abra su corazón”, dijo Isidoros, de 43 años, quien llegó a la iglesia hace un cuarto de siglo y vive allí. Agachando la cabeza, Isidoros me llevó al cuartito donde descansa la tumba. Se acababa de colocar una ventanita justo del lado opuesto para mostrar las paredes de la cueva original donde se cree que estuvo enterrado Jesús. La tumba en sí misma tiene un aspecto sencillo y sin adornos,. Las velas parpadeaban al iluminar un pequeño recinto.