PBRO. MARCELO BARRIONUEVO
El Evangelio nos habla del encuentro misericordioso de Jesús con Zaqueo. El Señor pasa por Jericó, camino de Jerusalén. Allí encuentra al jefe de los publicanos, rico y recaudador de impuestos. Cobraba una sobretasa, de la cual vivía. Era mal visto. Pero Jesús lo mira y lo invita a un dialogo sobre el sentido de su existencia; el resultado es la conversión de Zaqueo a una vida justa y solidaria. Mientras que el resto lo miraba con bronca, Jesús ve en él a un hijo de Israel que debe volver al camino.
No descalifiquemos espiritualmente a nadie. Hay personas a las que un malentendido, una experiencia negativa, o una equivocada orientación de sus vidas, las ha alejado de Dios. Pero conservan, como Zaqueo, la nostalgia de la verdad. Si una persona amiga les trata con respeto, sin el desprecio de los hipócritas, recuperarían la confianza en Dios y en su Iglesia.
Vivimos momentos de confrontación y falta de diálogo, sus consecuencias son la división y fragmentación. Eso conduce a nada. El diálogo, aunque sea doloroso, siempre abre puertas en el corazón. La descalificación gratuita señala una pobre consideración de la vida y nos hace perder su riqueza. Hay que animarse a la heroicidad de hablarnos y decirnos las cosas, eso lleva al encuentro con la verdad.
Sí, por el diálogo sincero se podrá transparentar lo que cada uno puede dar como lo más valioso; y se reconocerán los talentos del otro. El Señor nos llama a la escucha y la sinceridad en la conversión. No condenemos al otro por sus apariencias; no distorsiones la verdad para escuchar la noticia deseada; no descalifiquemos rápidamente; dejemos que el diálogo nos permita encontrar la luz de la verdad.