En un día de partido, el “insultómetro” registra valores récord en una cancha de fútbol. Este sitio suele ser uno de los lugares donde la gente más descarga sus frustraciones y enojos semanales. Cuando el propio equipo juega de manera aceptable, o cuando aún no se le perdió la paciencia, la víctima suele ser el rival de turno. Pero si este resulta intrascendente, las fieras “gastadas” se desvían hacia el “primo” que juega en Primera y que también viene de capa caída. El árbitro, claro, es una fija.

Ayer, La Ciudadela no fue la excepción. Quien caminaba por la platea Alta debía andar esquivando los insultos, que salían de boca de los hinchas hacia todas direcciones. El equipo no estaba jugando mal; y durante el primer tiempo había generado entre cuatro y cinco situaciones clave de gol. De allí que muy pocas puteadas -no se escandalice el lector, el verbo “putear” está aceptado por la Real Academia Española- tenían como blanco los jugadores del “Santo”. “Hay códigos; el tipo debe jugar muy mal, poner cero ‘huevos’, llegar a un extremo para que uno lo insulte. La camiseta no se cuestiona”, explicó Javier Yáñez a LG Deportiva. Y precisó que él renegaba -por así decirlo- por la mala suerte del equipo: “nosotros llegamos un montón y la pelota no entra; estos (por los jugadores de Villa Dálmine) llegan dos veces y nos hacen dos goles... ¡y nos ganan!”.

Uno de los más apuntados a la hora de estos agravios era el arquero de Villa Dálmine, Carlos Kletnicki. ¿El motivo? Dos: por un lado, había sacado casi todas las pelotas “santas” que tenían destino de gol... por el otro, se aburrió de hacer tiempo. “¡Pero miralo a este ‘hdp’!”, invitaba Adrián Romero al cronista de LG Deportiva. Y trascartón, con el mismo insulto le reclamaba al árbitro que le saque tarjeta amarilla al arquero.

Los vituperios también se oían en registro de soprano. Al igual que Yáñez, Virginia Martínez también precisó que no criticaba a los jugadores. “No puede ser que tengamos (tanta mala suerte)”, decía... aunque con otra expresión un poquito más subida de tono.